domingo, agosto 31, 2008

Mis primeros cuatro libros de teología están en Internet

Ing. Daniel Iglesias Grèzes

De febrero a mayo de 2008 publiqué cuatro libros de teología en el sitio web de auto-publicación gratuita Lulu. Se trata de:

· Razones para nuestra esperanza. Escritos de apologética católica. Tiene 178 páginas y tres partes: 1) Creo en Dios. 2) Creo en Jesucristo. 3) Creo en la Iglesia. Expone los motivos racionales de credibilidad de la fe católica. El Epílogo contiene un test de conocimientos sobre la doctrina católica.

· Cristianos en el mundo, no del mundo. Escritos de teología moral social y temas conexos. Tiene 168 páginas y siete partes: 1) Vida humana. 2) Matrimonio y familia. 3) Libertad de educación. 4) Católicos y vida pública. 5) Cristianismo e ideologías. 6) Algunos desafíos éticos actuales. 7) Teología e historia.
· Id por todo el mundo y proclamad el Evangelio. Exposición de algunos puntos de la doctrina católica. Tiene 182 páginas y 15 capítulos que tratan diversos temas de Biblia, teología dogmática, moral y liturgia. En el Epílogo se reflexiona sobre la situación religiosa del Uruguay.
· Sintió compasión de ellos. Escritos teológico-pastorales. Tiene 156 páginas y tres partes: 1) Discusiones en torno a la Conferencia de Aparecida. 2) Aportes al IV Sínodo Arquidiocesano de Montevideo. 3) Otros escritos teológico-pastorales. El Epílogo trata acerca de un tema de teología dogmática: si la Iglesia es “sacramento del mundo”.

Nací en Montevideo (Uruguay) en 1959. Estoy casado y tengo tres hijos. Soy Ingeniero Industrial Opción Electrónica, Magister en Ciencias Religiosas y Bachiller en Sagrada Teología. Además, soy socio fundador de la Obra Social Pablo VI y de la Sección Uruguay de la Sociedad Internacional Tomás de Aquino y miembro del Instituto Arquidiocesano de Bioética "Juan Pablo II". Fui miembro de la Comisión Nacional de Pastoral Familiar, Encargado de Redacción de la Revista Pastoral Familiar (dependiente de la Conferencia Episcopal del Uruguay), miembro del IV Sínodo Arquidiocesano de Montevideo y conductor del programa Verdades de Fe en Radio María Uruguay. Mi blog personal es Meditaciones Cristianas. Soy co-director del sitio web Fe y Razón y de la revista virtual gratuita Fe y Razón, lugares donde he desarrollado la parte principal de mi apostolado en Internet.

Fe y Razón fue fundado en 1999 por tres católicos uruguayos (Diác. Jorge Novoa, Lic. Néstor Martínez y yo). Es un sitio web de teología y filosofía cuyo propósito es contribuir a la evangelización de la cultura en fidelidad al Magisterio de la Iglesia y difundir la obra de Santo Tomás de Aquino, G. K. Chesterton y otros grandes pensadores cristianos. Entre otras cosas, contiene:
· Secciones de Filosofía, Apologética, Teología, Biblia, Moral, Liturgia, Familia, etc.
· Un Forum, donde los lectores pueden participar expresando ideas, comentarios, críticas, etc.
· La revista virtual gratuita Fe y Razón, con 25 números publicados y más de 600 suscriptores.
Fe y Razón tiene unas 15.000 visitas por mes, fundamentalmente desde casi todos los países de habla hispana. Ocupa el primer lugar entre unas 100.000 páginas web en una búsqueda en Google con las palabras clave "Fe y Razón". En 2003 una encuesta del portal Catholic.net incluyó a Fe y Razón en una lista de los doce portales católicos favoritos del mundo de habla hispana, junto al sitio oficial de la Santa Sede y a prestigiosos portales como el propio Catholic.net, Encuentra.com, etc.

Lulu es el principal mercado en línea de contenido digital. Tiene más de un millón de usuarios registrados y ha publicado más de 300.000 obras de autores de más de 80 países diferentes. Cada semana publica unos 4.000 títulos nuevos.

Mis libros de teología pueden ser comprados por Internet en http://stores.lulu.com/diglesias, en cualquiera de las siguientes dos modalidades:
· como libro impreso (Lulu imprime un ejemplar y lo envía por correo al comprador);
· o como descarga del texto en formato PDF.

Existen accesos directos a mis libros en:
www.lulu.com/content/2115187 - Razones para nuestra esperanza.
www.lulu.com/content/2135878 - Cristianos en el mundo, no del mundo.
www.lulu.com/content/2398541 - Id por todo el mundo y proclamad el Evangelio.
www.lulu.com/content/2473284 - Sintió compasión de ellos.

Se permite ver la tapa, las primeras páginas y el índice de cada libro.

Descarga gratis mi libro “Id por todo el mundo y proclamad el Evangelio”

Ing. Daniel Iglesias Grèzes

En abril de 2008 publiqué el libro “Id por todo el mundo y proclamad el Evangelio. Exposición de algunos puntos de la doctrina católica” en el sitio web de auto-publicación gratuita Lulu. Este libro de 182 páginas y 15 capítulos trata diversos temas de Biblia, teología dogmática, moral y liturgia. En el Epílogo se reflexiona sobre la situación religiosa del Uruguay.

Se puede ver la tapa, las primeras páginas y el índice del libro en:
www.lulu.com/content/2398541.

Desde allí se puede descargar gratuitamente todo el libro en formato PDF.

Para abrir el archivo PDF se requiere el programa gratuito Adobe Reader, disponible en la gran mayoría de las computadoras. En caso de no tener ese programa en tu PC, puedes bajarlo gratuitamente desde http://www.adobe.com/es/products/acrobat/readstep2.html.

También puedes comprar el libro en formato impreso, para lo cual debes indicar:
· Nombre del comprador.
· Dirección postal.
· Datos de una tarjeta internacional.
· Cantidad de ejemplares deseados (uno o más).
· Método de envío.

Lulu imprime el o los ejemplares solicitados y los envía por correo al comprador desde los EE.UU. Por ejemplo, el envío internacional standard a Uruguay de un libro de este tamaño cuesta alrededor de US$ 3, costo que se suma al precio del libro impreso.

En la siguiente dirección puedes encontrar u obtener mis cuatro libros de teología publicados hasta el momento: http://stores.lulu.com/diglesias

Descarga gratis mi libro “Razones para nuestra esperanza”

Ing. Daniel Iglesias Grèzes

En febrero de 2008 publiqué el libro “Razones para nuestra esperanza. Escritos de apologética católica” en el sitio web de auto-publicación gratuita Lulu:

Este libro de 178 páginas es una exposición de algunos de los motivos racionales de credibilidad de la fe católica. Tiene un prólogo, tres partes y un epílogo:
· Parte 1 - Creo en Dios.
· Parte 2 - Creo en Jesucristo.
· Parte 3 - Creo en la Iglesia.
· Epílogo - Test elemental de teología católica.

Se puede ver la tapa, las primeras páginas y el índice del libro en:
www.lulu.com/content/2115187 .

Desde allí se puede descargar gratuitamente todo el libro en formato PDF.

Para abrir el archivo PDF se requiere el programa gratuito Adobe Reader, disponible en la gran mayoría de las computadoras. En caso de no tener ese programa en tu PC, puedes bajarlo gratuitamente desde http://www.adobe.com/es/products/acrobat/readstep2.html.

También puedes comprar el libro en formato impreso, para lo cual debes indicar:
· Nombre del comprador.
· Dirección postal.
· Datos de una tarjeta internacional.
· Cantidad de ejemplares deseados (uno o más).
· Método de envío.

Lulu imprime el o los ejemplares solicitados y los envía por correo al comprador desde los EE.UU. Por ejemplo, el envío internacional standard a Uruguay de un libro de este tamaño cuesta alrededor de US$ 3, costo que se suma al precio del libro impreso.

En la siguiente dirección se encuentran mis cuatro libros de teología publicados hasta el momento: http://stores.lulu.com/diglesias

miércoles, marzo 19, 2008

Mis primeros dos libros de teología están en Internet

Recientemente publiqué mis primeros dos libros de teología en el sitio web de auto-publicación gratuita Lulu. Se trata de:

· Razones para nuestra esperanza. Escritos de apologética católica. Tiene 174 páginas y tres partes: 1) Creo en Dios. 2) Creo en Jesucristo. 3) Creo en la Iglesia.


· Cristianos en el mundo, no del mundo. Escritos de teología moral social y temas conexos. Tiene 168 páginas y siete partes: 1) Vida humana. 2) Matrimonio y familia. 3) Libertad de educación. 4) Católicos y vida pública. 5) Cristianismo e ideologías. 6) Algunos desafíos éticos actuales. 7) Teología e historia.

Alguna información acerca del autor:
Daniel Iglesias Grèzes nació en Montevideo (Uruguay) en 1959. Está casado y tiene tres hijos. Es Ingeniero Industrial Opción Electrónica, Magister en Ciencias Religiosas y Bachiller en Sagrada Teología. Además, es socio fundador de la Obra Social Pablo VI y de la Sección Uruguay de la Sociedad Internacional Tomás de Aquino y miembro del Instituto Arquidiocesano de Bioética "Juan Pablo II". Ha sido miembro de la Comisión Nacional de Pastoral Familiar, Encargado de Redacción de la revista Pastoral Familiar (dependiente de la Conferencia Episcopal del Uruguay), miembro del IV Sínodo Arquidiocesano de Montevideo (celebrado en 2005) y conductor del programa Verdades de Fe en Radio María Uruguay. Su blog personal es Meditaciones Cristianas (http://www.lmillau.blogspot.com/). Es co-director del sitio web Fe y Razón (http://www.feyrazon.org/ y de la revista virtual gratuita Fe y Razón (http://www.revistafeyrazon.blogspot.com/), lugares donde ha desarrollado la parte principal de su apostolado en Internet.

Fe y Razón fue fundado en 1999 por tres católicos uruguayos (Diác. Jorge Novoa, Lic. Néstor Martínez e Ing. Daniel Iglesias). Es un sitio web de teología y filosofía cuyo propósito es contribuir a la evangelización de la cultura en fidelidad al Magisterio de la Iglesia y difundir la obra de Santo Tomás de Aquino, G. K. Chesterton y otros grandes pensadores cristianos. Entre otras cosas, contiene:
· Secciones de Filosofía, Apologética, Teología, Biblia, Moral, Liturgia, Familia, etc.
· Un Forum, donde se puede participar expresando ideas, comentarios, críticas, etc.
· La revista virtual gratuita Fe y Razón, con 20 números publicados y casi 600 suscriptores.

Fe y Razón tiene unas 15.000 visitas por mes, fundamentalmente desde casi todos los países de habla hispana. Ocupa el primer lugar entre unas 100.000 páginas web en una búsqueda en Google con las palabras clave "Fe y Razón". En 2003 una encuesta del portal Catholic.net incluyó a Fe y Razón en una lista de los doce portales católicos favoritos del mundo de habla hispana, junto al sitio oficial de la Santa Sede y a prestigiosos portales como el propio Catholic.net, Encuentra.com, etc.

Lulu (http://www.lulu.com/) es el principal mercado en línea de contenido digital. Tiene más de un millón de usuarios registrados y ha publicado más de 300.000 obras de autores de más de 80 países diferentes. Cada semana publica unos 4.000 títulos nuevos.

Los libros de Daniel Iglesias pueden ser comprados por Internet, en cualquiera de las siguientes dos modalidades:
· como libro impreso (Lulu manda imprimir un ejemplar y lo envía por correo al comprador);
· o como descarga o download del texto en formato PDF.

Se puede ver y comprar estos libros en:
www.lulu.com/content/2115187 - Razones para nuestra esperanza.
www.lulu.com/content/2135878 - Cristianos en el mundo, no del mundo.

Al visitante se le permite una vista previa de la tapa, las primeras diez páginas y la contratapa de cada libro.

viernes, noviembre 04, 2005

Comentarios sobre las “Conclusiones aprobadas por los Miembros Sinodales”

1) Catequesis y sacramentos de la iniciación cristiana.
a) Aspectos positivos.
i) Se propone elegir catequistas idóneos (cf. Conclusiones, n. 88).
ii) Se propone elaborar nuevos materiales para todo el itinerario catequético (cf. Conclusiones, n. 109).
iii) Nos parece muy atinada la propuesta de promover experiencias de catequesis familiar en las parroquias, centros educativos y otros ámbitos eclesiales (cf. Conclusiones, n. 128), aunque habría sido mejor proponer un plan más concreto.
b) Aspectos negativos.
i) Echamos de menos una seria autocrítica a partir de los resultados alcanzados por la catequesis en las últimas décadas, considerando que la gran mayoría de los católicos de Montevideo tienen conocimientos muy pobres sobre la doctrina católica y se alejan de la Iglesia durante la niñez, la adolescencia o la juventud.
ii) Llama la atención la falta de referencias al Catecismo de la Iglesia Católica con respecto a la formación doctrinal de los catequistas y la elaboración de catecismos locales y la falta de referencias a la posible utilización directa del Compendio del Catecismo de la Iglesia Católica como texto catequético en algunas circunstancias.
iii) No fue aprobada la propuesta de decretar que a partir de determinado año no puedan ser catequistas en la Arquidiócesis quienes no hayan acreditado un determinado nivel mínimo de conocimientos teológicos (cf. Conclusiones, nn. 88-90).

2) Jóvenes y vocación a la fe.
a) Aspectos positivos.
i) Se ha dado prioridad al carácter evangelizador de la pastoral juvenil por sobre su dimensión organizativa (cf. Conclusiones, nn. 129, 153, 156, 245 etc.). A menudo la pastoral juvenil arquidiocesana dio excesiva importancia a la participación en los organismos de coordinación y a los métodos empleados y acentuó unilateralmente la dimensión sociopolítica de la fe cristiana, tendiendo a perder de vista la prioridad del llamado a la conversión, la santidad y el apostolado y a descuidar la formación doctrinal y moral y el cultivo de la vida de oración personal y litúrgica.
ii) Corrigiendo la postura del Documento de Trabajo, que consideraba a la pastoral juvenil y la pastoral vocacional como dos acciones pastorales distintas, se ha optado por una pastoral juvenil que sea en sí misma pastoral vocacional (cf. Conclusiones, nn. 167, 229, 238). Esta opción debería ser vista como un caso particular dentro de una estrategia más general: la de contrarrestar la tendencia práctica de la pastoral de conjunto a fraccionarse en un conjunto de pastorales sectoriales escasamente comunicadas entre sí.
iii) Se propone multiplicar las instancias de formación de los jóvenes (cf. Conclusiones, nn. 271-274).
b) Aspectos negativos.
i) Echamos de menos una seria autocrítica a partir de los resultados alcanzados por la pastoral juvenil en las últimas décadas, considerando que la actual situación religiosa de los jóvenes montevideanos presenta aspectos muy preocupantes. Por ejemplo, mientras que entre los ancianos los católicos superan a los ateos en una proporción mayor que 10 a 1, entre los jóvenes dicha proporción no llega a 1,5 a 1.
ii) No se ha explicitado la importancia de establecer fuertes nexos entre la pastoral juvenil y la pastoral familiar, sobre todo en lo referente a la preparación (remota, próxima e inmediata) de los adolescentes y jóvenes al matrimonio. En general nuestra pastoral juvenil no presta mucha atención a la relación del adolescente o el joven con su familia paterna ni prevé instancias de participación de los padres en el itinerario pastoral de sus hijos.
iii) Ni siquiera se menciona a la pastoral juvenil universitaria, a la que consideramos doblemente prioritaria, porque se encuentra en la intersección de dos grandes prioridades pastorales de la Iglesia en América Latina: la opción preferencial por los jóvenes y el empeño por la evangelización de la cultura y la recreación de una cultura cristiana.

3) Matrimonio y familia.
a) Aspectos positivos.
i) Se aspira a lograr una mayor coordinación de la pastoral familiar con las demás áreas pastorales, a fin de hacer más efectiva la presencia “transversal” de la familia en toda la pastoral de conjunto (cf. Conclusiones, nn. 312, 323, 325, 333).
ii) Se reconoce la insuficiencia de la catequesis pre-matrimonial ofrecida comúnmente en las parroquias como preparación inmediata al matrimonio y se propone mejorar dicha catequesis, reordenándola en su extensión, temática y desarrollo (cf. Conclusiones, nn. 389-395, 399, 405, 408, 416-418).
iii) Se reconoce que a menudo los agentes de pastoral familiar carecen de la necesaria formación y se propone formarlos en el Instituto Pastoral de la Familia (cf. Conclusiones, nn. 345-346, 370).
b) Aspectos negativos.
i) No se analizan en profundidad las actuales amenazas contra la vida y la familia debidas al avance de la “cultura de la muerte” ni se proponen medidas orientadas específicamente a la defensa y promoción de los derechos de la familia (ni en este capítulo ni en el resto del documento).
ii) No se propone un plan concreto para la formación de los agentes de pastoral familiar.
iii) No fue aprobada la creación de un Centro Arquidiocesano de Servicio a las Familias, atendido por un equipo interdisciplinario de profesionales voluntarios, para brindar servicios gratuitos de consejería familiar, mediación, atención de problemas de violencia doméstica o adicciones etc.

4) Parroquia.
a) Aspectos positivos.
i) Se insinúa que ha habido una multiplicación exagerada de pastorales y de equipos coordinadores de las mismas (cf. Conclusiones, n. 490). Nos parece conveniente simplificar el organigrama de la Arquidiócesis.
ii) Se propone revisar la sectorización parroquial y zonal de la Arquidiócesis (cf. Conclusiones, n. 510). Nos parece conveniente reducir el número de zonas pastorales y establecer centros de culto en las zonas que han tenido un mayor crecimiento demográfico en las últimas décadas.
iii) Se evidencia una preocupación por la formación de los agentes pastorales y los fieles en general (cf. Conclusiones, nn. 532, 534-537).
b) Aspectos negativos.
i) Aunque la liturgia ocupa un lugar central en la vida cristiana, no se profundiza en los problemas pastorales referidos a la liturgia en la parroquia.
ii) Ni en este capítulo ni en todo el documento se analizan en profundidad los grandes desafíos pastorales planteados por fenómenos tales como el gran número de católicos practicantes esporádicos o no practicantes, la proliferación de las sectas y los nuevos movimientos religiosos, la influencia creciente de la increencia en nuestra cultura etc.
iii) No parece tenerse en cuenta la presencia transversal de la dimensión familiar en toda la pastoral de conjunto, según las orientaciones del Plan Pastoral “San Felipe y Santiago Siglo XXI”.

5) Pastoral de la solidaridad.
a) Aspectos positivos.
i) Se pretende poner en práctica la opción preferencial por los pobres.
ii) El análisis de los problemas sociales no se limita al nivel económico y sociológico, sino que llega a los niveles filosófico y teológico (cf. Conclusiones, nn. 656-657, 660, 662).
iii) Se propone dar una mayor difusión a la doctrina social de la Iglesia (cf. Conclusiones, n. 677).
b) Aspectos negativos.
i) En la pastoral de la solidaridad arquidiocesana a menudo falta el anuncio explícito del Evangelio. Sin embargo no se analiza esta debilidad ni se proponen medidas concretas orientadas a superarla.
ii) A pesar de la notable influencia de la crisis del matrimonio y de la familia en los actuales problemas socio-económicos, se presta muy escasa atención a la defensa y promoción del derecho a la vida y los demás derechos naturales de la familia.
iii) Este capítulo es excesivamente teórico. No analiza en profundidad cómo evitar que la pastoral de la solidaridad se limite a la mera asistencia material y cómo lograr que sea una adecuada promoción humana. Tampoco profundiza en la propuesta de medidas prácticas para fortalecer a Caritas y a otras organizaciones eclesiásticas de promoción social y para apoyar y potenciar la labor de las numerosas asociaciones civiles y fundaciones de inspiración católica existentes.

6) Educación católica.
a) Aspectos positivos.
i) Se enfatiza la importancia de la formación cristiana de los educadores (cf. Conclusiones, nn. 750, 754, 757-759, 761-762).
ii) Se proponen varias iniciativas orientadas a promover el derecho de las familias a la libertad de educación, sobre todo en materia religiosa (cf. Conclusiones, nn. 783-787).
iii) Se propone elaborar un Proyecto Educativo Arquidiocesano de Referencia, inspirador y organizador de las comunidades educativas, partiendo de la experiencia y reflexión de las mismas (cf. Conclusiones, nn. 817-818, 820).
b) Aspectos negativos.
i) No fue aprobada la propuesta de decretar que en adelante los cargos docentes vacantes de las escuelas católicas serán ocupados por docentes católicos que se destaquen “por su recta doctrina e integridad de vida” (Código de Derecho Canónico, can. 803,2). Las iniciativas de formación cristiana de los docentes serán insuficientes si no se cambia radicalmente la política de contratación de docentes y directivos.
ii) No se ha planteado como objetivos lograr que los colegios y liceos católicos tengan sus propios planes de estudios y sus propios programas para cada asignatura, independientes de los de la Administración Nacional de Educación Pública, ni fortalecer los institutos católicos de formación docente o crear otros nuevos, a fin de superar el cuasi-monopolio estatal de la formación docente, de signo secularista.
iii) Nos parece insuficiente que el Proyecto Educativo Arquidiocesano de Referencia proponga orientaciones cuya adopción sería opcional para los colegios y liceos católicos. Creemos que dicho Proyecto también debería servir como instrumento para aplicar el canon 806,1 del Código de Derecho Canónico, según el cual al Obispo diocesano “le compete dictar normas sobre la organización general de las escuelas católicas; tales normas también son válidas para las escuelas dirigidas por miembros de [los institutos religiosos]”.

7) Movimientos eclesiales y nuevas comunidades.
a) Aspectos positivos.
i) Se considera a los movimientos y las nuevas comunidades eclesiales como un don del Espíritu Santo a la Iglesia, universal y local; y se reconoce que acentúan el protagonismo de los laicos, potenciando su misión e inserción en la sociedad y abriendo muchas veces nuevos espacios de evangelización (cf. Conclusiones, nn. 844, 860-862).
ii) Se aspira “a que la comunidad diocesana conozca, aprecie y valore los carismas de los que personas y movimientos son portadores” (Conclusiones, n. 866).
iii) Se subraya la necesidad de resolver los conflictos mediante un diálogo fraterno (cf. Conclusiones, n. 878).
b) Aspectos negativos.
i) No se evidencia un interés particular por los movimientos en sí mismos. No se analiza la vida interior de los movimientos (su liturgia, su espiritualidad, su acción misionera etc.). En el fondo los cuatro núcleos de este capítulo tratan solamente sobre la relación de los movimientos con las parroquias, las zonas y la diócesis. Esto da la impresión (reforzada a menudo por los demás capítulos de las “Conclusiones”) de que en la práctica se ve a los nuevos movimientos eclesiales más que nada como un problema.
ii) Nos parece que en ocasiones se insinúa un enfoque demasiado centralista con respecto a la presencia y la acción de los movimientos y nuevas comunidades en la Iglesia local (cf. Conclusiones, n. 843). Los fieles no necesitan una autorización previa para crear una asociación dentro de la diócesis (cf. Código de Derecho Canónico, can. 215). Salvo prueba en contrario, se debería presumir que toda nueva comunidad es positiva. Además, se podría preguntar no sólo si un movimiento sirve a los organismos pastorales diocesanos, sino también si éstos sirven al movimiento. El cristiano debe buscar más servir que ser servido.
iii) En este capítulo y en el resto del documento percibimos una tendencia a un predominio excesivo del principio territorial en la pastoral de conjunto. A diferencia de lo que ocurría en el pasado y de lo que sigue ocurriendo en las áreas rurales, la movilidad de la vida moderna en grandes ciudades como Montevideo vuelve natural la vinculación de un fiel a una comunidad cristiana distinta de su propia parroquia. Se debe aceptar con serenidad esta transformación, que probablemente se acentúe en el futuro. Además, la gran heterogeneidad de las situaciones personales y las necesidades religiosas de los fieles que viven en el territorio de la parroquia hace que ésta difícilmente pueda responder de forma adecuada a todas esas situaciones y necesidades. Por último, hay muchos ámbitos (el arte, la política, Internet etc.) cuya atención pastoral no puede ser desplegada adecuadamente desde las parroquias territoriales.

8) Identidad y protagonismo del laicado.
a) Aspectos positivos.
i) Se subraya la índole secular de la vocación del fiel laico (cf. Conclusiones, nn. 1004, 1021, 1026, 1030, 1040).
ii) Se acentúa la eclesiología de comunión (cf. Conclusiones, nn. 1004, 1064).
iii) Se destaca la importancia de la vivencia comunitaria de la fe (cf. Conclusiones, nn. 1004, 1059).
b) Aspectos negativos.
i) No se asume explícitamente como primera prioridad pastoral la vocación universal a la santidad, según lo planteado por el Papa Juan Pablo II en la carta apostólica Novo Millennio Ineunte nn. 30-31 y lo expuesto por nuestro Arzobispo en la 3ª Reunión de la Asamblea Sinodal.
ii) Algunos aspectos importantes de la situación actual del laicado montevideano apenas son aludidos o ni siquiera son mencionados. Nos referimos por ejemplo al desafío de la formación doctrinal de los laicos, el desafío del anuncio explícito del Evangelio en todos los hogares, el desafío de la evangelización del ámbito del trabajo y la empresa, el desafío de la notable debilidad política de los católicos en nuestro país, el desafío de la atención pastoral de los numerosos montevideanos que han emigrado etc.
iii) En la reseña histórica parece subestimarse la continuidad esencial entre la espiritualidad laical pre-conciliar y la post-conciliar, denotándose una especie de neo-triunfalismo.

9) Presbiterio diocesano secular y religioso.
a) Aspectos positivos.
i) Nos parece acertado el énfasis puesto en la pastoral presbiteral y la formación permanente de los presbíteros (cf. Núcleo 2).
ii) Se reconoce que las estructuras de comunión y participación de la Arquidiócesis no están funcionando correctamente (cf. Conclusiones, n. 1175).
iii) Se afirma que el modo de actuar del presbítero debe ser acorde con la opción evangélica por los pobres (cf. Conclusiones, n. 1190).
b) Aspectos negativos.
i) No se presta suficiente atención al problema de la escasez de vocaciones al sacerdocio.
ii) Las consideraciones sobre la identidad y misión del sacerdote (cf. Núcleo 1) nos parecen muy pobres. Además, no contienen ninguna propuesta.
iii) La propuesta de “que el cuerpo presbiteral tenga sus espacios de discernimiento sobre los asuntos socio-económicos y políticos del mundo, para establecer criterios comunes de actuación” (Conclusiones, n. 1198) nos parece muy ambigua, dado que no parece tomar suficientemente en cuenta la legítima autonomía de los asuntos temporales y la amplia libertad que debe existir en la Iglesia acerca de todo lo opinable.

10) Diaconado permanente.
a) Aspectos positivos.
i) Nos parece muy oportuna la aspiración “a que se sientan convocados todos aquellos que descubran el llamado de Jesucristo para ejercer el diaconado en la Iglesia: hombres casados o célibes integrados a la estructura parroquial y/o dentro de ella, a una Pequeña Comunidad. Hombres casados o célibes que integren algún movimiento de los que existen en nuestra Arquidiócesis. Hombres casados o célibes que integren una familia religiosa.” (Conclusiones, n. 1262; cf. ídem n. 1263). Esto representa una apertura triple, dado que hasta ahora la convocatoria ha sido restringida a hombres casados integrados a pequeñas comunidades en parroquias (cf. ídem, nn. 1258-1259).
ii) No fue aprobada la propuesta de fijar los 45 ó 50 años como edad máxima para los candidatos al diaconado permanente (cf. Conclusiones, n. 1261).
iii) Se propone profundizar la formación que reciben los diáconos permanentes (cf. Conclusiones, nn. 1264; 1251, 1256, 1260).
b) Aspectos negativos.
i) No se proponen medidas concretas para fortalecer la vida espiritual de los diáconos permanentes (cf. Núcleo 4).
ii) Si nos atenemos a la estructura formal establecida para los núcleos de cada capítulo (definición, vemos, aspiramos, proponemos), este capítulo contiene una sola propuesta (cf. Conclusiones, n. 1237).
iii) Parece suponerse que todo diácono permanente debe animar una pequeña comunidad (cf. Conclusiones, n. 1275). Esta función nos parece importante, pero no vemos por qué debería ser obligatoria o anteponerse a otras.

11) Vida consagrada.
a) Aspectos positivos.
i) Nos parece acertado el énfasis puesto en las vocaciones (cf. Núcleo 4).
ii) Se aprecia que en nuestro país, pese a su fuerte tradición secularista, hayan surgido nuevas formas de vida consagrada (cf. Conclusiones, n. 1314).
iii) Se exhorta “a una creciente comprensión de las distintas vocaciones dentro de la Iglesia y al respeto por lo propio de cada carisma” (Conclusiones, n. 1372).
b) Aspectos negativos.
i) Parece suponerse una cuestionable relación lineal entre vuelta al carisma, crisis de las grandes instituciones (colegios etc.) y búsqueda de nuevos lugares de apostolado (cf. Conclusiones, n. 1315). Cabría preguntarse si la “gran inquietud” eclesial expresada en la búsqueda de nuevos estilos de vida consagrada (cf. ídem, n. 1314) se compagina siempre adecuadamente con la fidelidad al carisma recibido y la perseverancia en la misión encomendada, con espíritu de obediencia.
ii) Parece suponerse que los “puestos de frontera” de los religiosos son únicamente los que permiten “ganar en cercanía con los pobres” (Conclusiones, n. 1316). ¿No hay también necesidad de religiosos en “puestos de frontera” en contacto con los sectores ricos y secularizados de la sociedad?
iii) Se afirma que “habitar en los mismos locales de las obras apostólicas agrava”... “el peligro del profesionalismo en los Consagrados en desmedro de la Vida Consagrada y la fraternidad” (Conclusiones 1388, 1387). Esta afirmación nos parece cuestionable. La vida consagrada no se refiere únicamente a la intimidad de la comunidad de consagrados. Por supuesto existe el peligro de que la actividad externa absorba el tiempo y la energía que se deberían dedicar a la vida interior, pero no parece que ese peligro radique principalmente en el lugar de residencia. A la inversa, también se podría sostener que habitar en locales distintos a los de las obras apostólicas agrava el peligro de “profesionalismo”, en el sentido, hoy extendido, de una dedicación al trabajo en la que no se involucra el centro mismo de la persona.

Ing. Daniel Iglesias Grèzes
IV Sínodo Arquidiocesano de Montevideo, 1º de noviembre de 2005.

domingo, septiembre 25, 2005

Algunas reflexiones pastorales a partir del Instrumentum Laboris

Presentaremos algunas reflexiones pastorales a partir del Instrumentum Laboris de la 11ª Asamblea General Ordinaria del Sínodo de los Obispos, que tendrá lugar en octubre de 2005 en Roma.

· “La Eucaristía es también el punto culminante de cada proyecto pastoral, de cada actividad misionera, y es el núcleo de la evangelización y de la promoción humana.” (Instrumentum Laboris, n. 91). Por consiguiente:
o Dado que la Eucaristía es fuente y cumbre de la vida y de la misión de la Iglesia, ella debe estar en el centro de todo plan pastoral; y la promoción de una adecuada participación de los fieles cristianos en la Eucaristía (sobre todo dominical) debe ser considerada como una prioridad pastoral de máxima importancia.
o Dado que la Eucaristía es fuente de la vida de la Iglesia, ella debe producir en el fiel cristiano frutos de santidad y justicia, lo cual incluye las obras de misericordia corporal y espiritual; y dado que la Eucaristía es cumbre de la vida de la Iglesia, toda acción pastoral (incluso la pastoral social) debe conducir hacia la comunión eucarística.
· La participación asidua en la Eucaristía dominical es muy baja en Montevideo. Según la “Consulta al Pueblo de Dios” realizada hace unos quince años en nuestra Arquidiócesis, sólo el 3,5% de la población (aproximadamente el 7% de los montevideanos que se auto-definen como católicos) asiste a Misa los domingos. Los días de precepto que no caen en domingo (exceptuando la Navidad y la Epifanía) ese porcentaje desciende todavía mucho más.
· En algunos ámbitos, los expertos en catequesis suelen denunciar la catequesis “sacramentalista”. Esta denuncia puede ser compartida si el “sacramentalismo” se entiende como un ritualismo legalista, vacío de genuino contenido espiritual; no obstante, pensamos que a menudo esta denuncia tiende a oponer falsamente liturgia y vida, espiritualidad y compromiso social, etc. Desde los primeros siglos de la historia de la Iglesia la catequesis ha estado relacionada con la preparación para la recepción de los sacramentos y es natural que así sea. Si esa preparación es adecuada, no hay que temer que conduzca de por sí a una práctica sacramental divorciada de la vida cotidiana.
· A menudo nuestras celebraciones litúrgicas manifiestan diversos signos de descuido en su preparación: demasiados lectores leen mal; demasiados cantores cantan mal; demasiados cantos son inadecuados o deficientes desde el punto de vista litúrgico; demasiadas homilías son improvisadas o rutinarias. Sería conveniente ofrecer cursos periódicos a las personas que cumplen distintos ministerios o servicios en la liturgia, para capacitarlos específicamente para el ejercicio de sus respectivas funciones.
· Nos hace falta cultivar más el sentido del misterio y la actitud de reverencia ante la grandeza y la santidad de la acción sagrada realizada en la liturgia. Nos parece lamentable, por ejemplo, que en muchos lugares se esté perdiendo la costumbre de arrodillarse durante la consagración. A fin de restablecerla, es muy conveniente que las iglesias dispongan de reclinatorios (cf. Instrumentum Laboris, n. 64).
· El debilitamiento del sentido del misterio en la liturgia es correlativo al debilitamiento del sentido del misterio de la Iglesia. En muchos ámbitos se tiende a ver a la Iglesia como una obra principalmente nuestra, algo que edificamos nosotros mismos. Se insiste tanto en su acción social que hoy muchas personas tienden a ver a la Iglesia casi como una gran organización filantrópica, con algunas peculiaridades más o menos folklóricas. Se exige erróneamente la democratización del Pueblo de Dios, olvidando que su carácter sacramental y su carácter jerárquico están intrínsecamente ligados. Debemos recordar continuamente que la Iglesia no es nuestra sino de Dios y que Él construye Su Iglesia fundamentalmente a través del sacrificio pascual de su Hijo Jesucristo, actualizado en la Eucaristía.
· Hoy muchos sacerdotes tienden a no manifestar visiblemente su condición de tales (por ejemplo en su vestimenta) y a no acentuar el carácter diferencial de su vocación particular con respecto al sacerdocio común de los fieles. A menudo se enfatiza tanto la corresponsabilidad pastoral con los fieles laicos que se pierde de vista o se teme ejercer la responsabilidad última del pastor en materia pastoral (por ejemplo, la del párroco en su parroquia). Algunos incluso desestiman la palabra “sacerdote” y prefieren utilizar exclusivamente el término “presbítero”. Éstos son sólo algunos de los signos de cierta crisis de la identidad sacerdotal que afecta también necesariamente a la celebración eucarística (por ejemplo, cuando sin necesidad se recurre a fieles laicos para la distribución de la comunión en la Santa Misa).
· Nos parece muy desacertada la tendencia a postergar cada vez más la recepción de los sacramentos de la Eucaristía y la Confirmación. En nuestro país, por lo común, los niños reciben la Primera Comunión entre los 10 y los 12 años; y los jóvenes reciben la Confirmación entre los 15 y los 20 años o, las más de las veces, nunca. Hoy se da la anormal situación de que la mayoría de los católicos uruguayos no llega a completar el proceso de iniciación cristiana. Probablemente este fenómeno guarda alguna relación con la visión “progresista” de la Iglesia como mera vanguardia consciente de un proceso salvífico (sobre todo sociopolítico) que de todos modos se da inconscientemente en toda o casi toda la humanidad. Un primer paso para revertir esta tendencia al elitismo pastoral podría ser la reducción de 15 a 12 años de la edad mínima para la recepción de la Confirmación.
· También en Uruguay se constata una “gran desproporción entre los muchos que comulgan y los pocos que se confiesan” (Instrumentum Laboris, n. 23). Entre las diversas causas de este fenómeno podemos señalar la escasa dedicación de muchos sacerdotes al sacramento de la Reconciliación y la pobre formación de muchos fieles en lo que respecta a la Eucaristía, el pecado y la Reconciliación. En este último factor influye el escaso énfasis de la catequesis moderna en la formación doctrinal. Es preciso mejorar la formación doctrinal de todos los catequistas y la calidad del contenido doctrinal de los textos utilizados en la catequesis (por ejemplo, elaborando catecismos locales con la aprobación de la Santa Sede).
· En nuestro país el ayuno eucarístico casi ha caído en desuso. Probablemente la mayoría de los católicos jóvenes ni siquiera es consciente de la existencia de esa norma. Nos parece muy oportuna la idea de restablecer “la obligación de las tres horas de ayuno eucarístico” (Instrumentum Laboris, n. 24).
· “Es importante salvaguardar el domingo como día no laborable, sobre todo en los países con raíces cristianas.” (Instrumentum Laboris, n. 71). En Uruguay, país fuertemente secularizado desde hace aproximadamente un siglo, mucha gente trabaja los domingos. Uno de los objetivos inmediatos de la acción política de los católicos debería ser el restablecimiento, en la medida de lo posible, del descanso dominical de los trabajadores.
· Nos parece excelente la idea de promover las “homilías temáticas, que durante el curso de un año litúrgico puedan presentar los grandes temas de la fe cristiana: el Credo; el Padre Nuestro; la estructura de la Santa Misa; los diez Mandamientos, y otros.” (Instrumentum Laboris, n. 47). Además, creemos que sería oportuno estimular a los sacerdotes y diáconos a redactar y leer por lo menos algunas de sus homilías.
· Considerando las características geográficas y demográficas de Montevideo y la cantidad total de sacerdotes del clero arquidiocesano secular y religioso, pensamos que, mediante una generosa respuesta de los sacerdotes y una buena organización, sería posible reducir a un mínimo la cantidad de comunidades católicas que se ven privadas de la celebración eucarística dominical.
· “Es necesario reconsiderar los cantos actualmente en uso. La música instrumental y vocal, si no posee contemporáneamente el sentido de la oración, de la dignidad y de la belleza, se excluye a sí misma del ámbito sacro y religioso.” (Instrumentum Laboris, n. 61). Podría ser conveniente publicar un libro de cantos oficial en cada Diócesis o uno para todo el país, seleccionando cuidadosamente los cantos incluidos.
· “Cada parroquia, por otra parte, podría organizar un día solemne de exposición del Santísimo Sacramento, de modo tal que en las diócesis, sobre todo en aquellas de una cierta grandeza, cada semana el Pueblo de Dios pudiera adorar al Señor-Eucaristía en una de las parroquias.” (Instrumentum Laboris, n. 66). Esta interesante propuesta es aplicable en Montevideo, donde hay unas 77 parroquias (se requieren 52 para organizar un ciclo anual).
· “Existen católicos que no comprenden porqué es pecado sostener políticamente un candidato abiertamente favorable al aborto o a otros actos graves contra la vida, la justicia y la paz.” (Instrumentum Laboris, n. 73). Es necesario mejorar la formación y la información de los fieles al respecto, superando cualquier falso respeto humano o indebido interés partidista.
· “Sin embargo, hay respuestas que indican algunos aspectos menos alentadores: ...; la clausura de las iglesias, a veces, por temor a los robos, durante gran parte de la jornada, impidiendo la adoración eucarística privada de los fieles.” (Instrumentum Laboris, n. 75). Este problema podría ser superado mediante la organización de grupos de fieles que se comprometan a rezar periódicamente en las iglesias, haciéndose cargo a la vez de la vigilancia durante sus respectivos turnos.
· “Sería deseable que los cristianos de todos los países supieran rezar y cantar en latín algunos textos fundamentales de la liturgia, como el Gloria, el Credo y el Padre Nuestro.” (Instrumentum Laboris, n. 81). ¿No será posible lograr esto en Uruguay, país latino-americano?
· “La Eucaristía es la respuesta a los signos de los tiempos de la cultura contemporánea. A la cultura de la muerte, la Eucaristía responde con la cultura de la vida. Contra el egoísmo individual y social la Eucaristía afirma la entrega total. Al odio y al terrorismo, la Eucaristía contrapone el amor. Ante el positivismo científico, la Eucaristía proclama el misterio. Oponiéndose a la desesperación, la Eucaristía enseña la esperanza cierta en la eternidad beata.” (Instrumentum Laboris, n. 10). El Documento de Trabajo del Sínodo de los Obispos hace aquí un uso esclarecedor de la expresión “signos de los tiempos”, de la que tanto se ha abusado en la Iglesia Católica en las últimas décadas. Se rechazan implícitamente las visiones y las actitudes ingenuas, poco críticas o irenistas con respecto al mundo contemporáneo.

Ing. Daniel Iglesias Grèzes
Montevideo, 23 de septiembre de 2005.

miércoles, julio 20, 2005

Consideraciones generales sobre la situación de la Iglesia Católica en Montevideo

1) Contexto social
La sociedad uruguaya (y sobre todo la montevideana) está fuertemente secularizada desde hace más de un siglo. En nuestra cultura predomina un secularismo radical, que pretende excluir totalmente a la religión del espacio público. En este contexto los cristianos, aunque somos una mayoría cuantitativa, vivimos como una minoría cualitativa, sin una influencia predominante en la sociedad. Los cristianos que quieren permanecer fieles al Evangelio en su integridad por motivos sobrenaturales son una minoría y por ello las leyes, las instituciones, las mentalidades y las costumbres dominantes en nuestra sociedad en general no son cristianas y a veces son anticristianas. Ser coherentemente cristiano en esta situación no es fácil ni ventajoso.
La post-modernidad ha traído consigo un auge del relativismo, ideología que cada vez más tiende a ser considerada erróneamente como un requisito básico para la convivencia democrática. Quien tiene la certeza de conocer la verdad acerca de asuntos religiosos, filosóficos o morales es fácilmente tachado de fundamentalista e intolerante. La mayoría de los medios de comunicación social contribuyen a difundir la mentalidad relativista.
Las sucesivas crisis económicas de las últimas décadas han provocado el empobrecimiento de una parte considerable de la población de Montevideo (y también del Interior de la República) y han convertido al Uruguay en un país de emigración.
También ha crecido en nuestra diócesis la llamada “cultura de la muerte”, que desconoce el derecho a la vida y los demás derechos naturales de la familia y procura destruir la concepción cristiana del matrimonio y la familia.

2) Situación eclesial
En los 40 años posteriores a la finalización del Concilio Vaticano II ha crecido notablemente el influjo del secularismo dentro de nuestra Iglesia local. En particular, la teología de la liberación de inclinación marxista tendió a secularizar la esperanza cristiana, asignando al sistema socialista la virtud salvífica que corresponde al Reino de los Cielos.
Esto condujo, sobre todo durante el período 1965-1985, a una excesiva priorización de los aspectos socio-políticos del cristianismo y a una falsa oposición entre espiritualidad y compromiso social, que impulsó a muchos católicos a descuidar el cultivo de su vida espiritual y a alejarse de la oración. Con frecuencia se olvidó que la conversión individual tiene una prioridad ontológica frente a la conversión de la sociedad.
Todo esto produjo en la Iglesia de Montevideo conflictos y hasta divisiones que aún no han terminado de sanar. Salvo casos aislados, no se contesta abiertamente al Magisterio de la Iglesia, pero a menudo no se lo asume íntegramente con lealtad. Se tiende a subestimar los logros del período pre-conciliar (por ejemplo, caracterizando el período 1920-1960 de la historia de la Iglesia uruguaya como el del “ghetto católico”) y a considerar el último Concilio casi como un nuevo comienzo absoluto.
En la Pastoral de Conjunto de la Iglesia montevideana se aprecia un predominio excesivo del principio parroquial-territorial y una acentuación unilateral de una forma específica de participación en la Iglesia: la de las pequeñas comunidades en la parroquia. Los nuevos movimientos eclesiales parecen ser vistos ante todo como un problema, en vez de ser vistos ante todo como un don de Dios a la Iglesia.
Los problemas se multiplican: Muchos colegios católicos y muchas otras organizaciones católicas (por ejemplo, de promoción humana) enfrentan una crisis de su identidad católica. Abundan los divorcios y escasean las vocaciones al sacerdocio y a la vida religiosa. La grave amenaza de la “cultura de la muerte” no es enfrentada adecuadamente debido a la división y la debilidad política de los católicos.

3) Situación religiosa
Por lo común los católicos montevideanos tienen un nivel de formación doctrinal muy inferior al correspondiente a su cultura general, lo cual contribuye a que la mayoría cuantitativa de católicos se manifieste como una minoría cualitativa.
Muchos católicos montevideanos están alejados de la Iglesia: no creen en dogmas fundamentales de la fe cristiana o tienen opiniones contrarias a aspectos esenciales de la moral católica. Además, la gran mayoría de los católicos montevideanos no practica la oración personal ni participa en la liturgia. La influencia del secularismo, el materialismo y el relativismo alcanza incluso a muchos católicos. Además, el ateísmo, el agnosticismo y el deísmo son posturas muy difundidas, sobre todo entre los poderosos, los intelectuales y los jóvenes.
Por otra parte, muchas sectas y nuevos movimientos religiosos han arraigado y crecido en Montevideo en las últimas décadas, ofreciendo respuestas a las cuestiones religiosas a quienes ya no las buscan o encuentran en la Iglesia Católica. La Iglesia Católica optó por los pobres, pero muchos pobres han optado por las iglesias evangélicas o pentecostales.

4) Propuestas generales
Creemos que, ante esta difícil situación, resulta necesario asumir como primera prioridad pastoral la vocación universal a la santidad, según lo planteado por el Papa Juan Pablo II en la carta apostólica Novo Millennio Ineunte nn. 30-31 y lo expuesto por nuestro Arzobispo en la 3ª Reunión de la Asamblea Sinodal. Debemos recomenzar nuestra labor desde la comunión con Cristo en la Eucaristía, fuente y cumbre de la vida cristiana. La comunión con Cristo nos abre a la comunión con los hermanos. Más allá de la letra de los documentos eclesiales, debemos esforzarnos por vivir cotidianamente la espiritualidad de la Iglesia-comunión, dejando de lado viejos prejuicios y recelos y abriéndonos cordialmente al diálogo intra-católico (prerrequisito de un auténtico diálogo ecuménico). En particular, creemos oportuna una mayor apertura de los organismos territoriales (sobre todo las parroquias) hacia los nuevos movimientos eclesiales y una mayor disposición de éstos a colaborar con aquéllos.
En segundo lugar, creemos necesario renovar el impulso misionero de nuestra Iglesia (bastante alicaído en las últimas décadas), dejándonos guiar por el Magisterio del Papa Juan Pablo II, quien llamó a toda la Iglesia a una evangelización nueva en su ardor, en sus métodos y en su expresión. La comunión con Cristo conduce a la misión. Lo fundamental es el nuevo ardor evangelizador: dado esto, los nuevos métodos y expresiones vendrán por añadidura. Debemos recuperar la alegría de la fe y sentir la urgencia de testimoniar y anunciar explícitamente el Evangelio de Jesucristo ante todos nuestros conciudadanos, a tiempo y a destiempo, por todos los medios disponibles, incluyendo los medios de comunicación de masas. La promoción de los valores humanos debe ser fundamentada en el anuncio del kerygma. Debemos recordar constantemente que “no sólo de pan vive el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios.” (Mateo 4,4). “Se debe rechazar la tentación de una espiritualidad oculta e individualista que poco tiene que ver con las exigencias de la caridad” (Plan Pastoral San Felipe y Santiago Siglo XXI, n. 4).
En tercer lugar, opinamos que se requiere dar pasos concretos para cumplir efectivamente lo dispuesto en el Plan Pastoral San Felipe y Santiago Siglo XXI (cf. n. 4,4) acerca de la incidencia transversal de la familia en toda la pastoral de conjunto, tomando en cuenta debidamente las relaciones familiares de cada ser humano alcanzado por nuestras acciones pastorales.
Por último, nos parece imprescindible realizar un esfuerzo masivo para mejorar la formación doctrinal de los católicos montevideanos, en plena sintonía con el Magisterio de la Iglesia. Para tal fin consideramos que el Catecismo de la Iglesia Católica, el Compendio del Catecismo de la Iglesia Católica y el Compendio de la Doctrina Social de la Iglesia son instrumentos invalorables y providenciales, que habrá que aprovechar debidamente.

En cuanto al Informe a la Asamblea Sinodal (IAS), hacemos dos propuestas de índole general:
· Abundar más en referencias y citas explícitas de documentos del Magisterio.
· Aprovechar más el Documento de Trabajo del Sínodo (DTS). Creemos que algunos capítulos del IAS son más pobres que los respectivos capítulos del DTS, no sólo por su mayor brevedad, sino también cualitativamente.

[Redactado por un grupo de sinodales]
IV Sínodo Arquidiocesano de Montevideo, 8 de julio de 2005.

martes, julio 19, 2005

Comentarios sobre el IAS - Familia y sacramento del matrimonio

1) La formación de los agentes de pastoral familiar
El Informe reconoce que a menudo los agentes de pastoral familiar carecen de la necesaria formación y propone formarlos en el Instituto Pastoral de la Familia (IPF). Si bien estamos de acuerdo con esto, entendemos necesario profundizar más en este aspecto fundamental. Proponemos que a quienes desempeñan el ministerio de la catequesis pre-matrimonial se les exija una formación teológica mínima equivalente a un curso de 80 horas de síntesis teológica, en el cual se utilice como libro de texto principal el Catecismo de la Iglesia Católica, y que se exhorte a todos los agentes de pastoral familiar a recibir formación específica en temas de familia en el IPF.

2) Los contenidos de la catequesis pre-matrimonial
El Informe reconoce la insuficiencia de la catequesis pre-matrimonial ofrecida comúnmente en las parroquias como preparación inmediata al matrimonio y propone mejorar esta preparación, reordenando dicha catequesis en su extensión, temática y desarrollo. Si bien esto nos parece correcto, creemos conveniente detallar y concretar más esta propuesta. Proponemos que en 2006 el Instituto Pastoral de Catequesis y el IPF preparen un manual de catequesis pre-matrimonial,. tratando los aspectos básicos dogmáticos, morales, litúrgicos, canónicos, psicológicos, biológicos, etc. atinentes al sacramento del matrimonio. Además proponemos que en 2007 se realicen experiencias piloto de utilización de este nuevo manual, después de haber preparado para ello a los catequistas involucrados.

3) Los derechos de la familia
El Informe ni siquiera menciona las actuales amenazas contra la vida y la familia debidas al avance de la “cultura de la muerte”, que se pretende imponer a las sociedades con raíces cristianas por medio de leyes radicalmente injustas, con el apoyo de gran parte de los medios de comunicación social. Es preciso que, en esta hora crítica de nuestra civilización, la Iglesia Católica defienda con todas sus fuerzas los derechos de la familia. En este sentido, recomendamos estimular la creación de una Asociación de Familias Cristianas de Montevideo (AFCM), cuyo objetivo sería defender y promover el derecho a la vida y los demás derechos naturales de las familias desde la perspectiva cristiana. Desde el punto de vista canónico la AFCM sería una asociación privada de fieles. Ella admitiría como socios a personas mayores de edad que residan en nuestro departamento, hayan formado su propia familia, profesen la fe cristiana o reconozcan los principios de la ley moral natural y estén dispuestos a trabajar para ponerlos en práctica. La carta magna de esta Asociación sería la Carta de los Derechos de la Familia presentada en 1983 por la Santa Sede.

4) El servicio a las familias
El Informe propone que la Pastoral Familiar genere y profundice iniciativas orientadas a acompañar a todas las familias, especialmente a las que están en situaciones difíciles o irregulares. Si bien estamos de acuerdo con esto, nos parece oportuno concretar más esta propuesta. En esta línea proponemos crear un Centro Arquidiocesano de Servicio a las Familias, atendido por un equipo interdisciplinario de profesionales voluntarios, que brindaría servicios gratuitos de consejería familiar, mediación, atención de problemas de violencia doméstica, adicciones etc. También brindaría servicios de capacitación a agentes de la pastoral familiar y a otras personas interesadas en estas materias. Así nuestra Iglesia local manifestaría más claramente su cercanía a las problemáticas familiares. Si esta experiencia piloto fuera exitosa, más adelante se podría crear Centros similares en varios barrios de Montevideo.

Ing. Daniel Iglesias Grèzes
IV Sínodo Arquidiocesano de Montevideo, 23 de julio de 2005.

Comentarios sobre el IAS - Movimientos eclesiales y nuevas comunidades

1) Una mirada desde afuera
A diferencia de los Informes sobre la parroquia, la pastoral de la solidaridad y la educación católica, el Informe sobre los movimientos eclesiales y nuevas comunidades no parece interesarse mayormente por los movimientos en sí mismos, sino sólo por su relación con las parroquias, las zonas y la diócesis. En el fondo los cuatro núcleos del Informe tratan este último tema. En cambio se prescinde de analizar la vida interior de los movimientos (su liturgia, su espiritualidad, su acción misionera etc.). Más allá de todas las expresiones positivas del Informe acerca de los movimientos, creemos que esta forma de mirarlos desde afuera es reveladora de una tendencia inconsciente a verlos (o verse) erróneamente casi como una realidad externa que debería relacionarse y colaborar con la Iglesia.

2) La libertad de asociación en la Iglesia Católica
“Los fieles tienen derecho a fundar y dirigir libremente asociaciones para fines de caridad o piedad o para fomentar la vocación cristiana en el mundo; y también a reunirse para procurar en común esos mismos fines.” (Código de Derecho Canónico, canon 215). El primer principio en materia de asociaciones es la libertad. La intervención de la autoridad eclesiástica viene en segundo lugar, por ejemplo para reconocer o no el carácter católico de una asociación privada de fieles. Por ello no nos parece correcto el enfoque demasiado centralista que el Informe insinúa en ocasiones. Por ejemplo, el Informe afirma que “es positiva la presencia de movimientos y nuevas comunidades que respondan a necesidades de la Iglesia local” (n. 21). Los fieles no necesitan una previa autorización del Obispo para crear una asociación cualquiera dentro de la diócesis. Creemos que en esta materia debe regir un principio análogo a la llamada “presunción de inocencia” del derecho penal: se debe presumir que toda nueva comunidad es positiva mientras no se demuestre lo contrario. Además, en función del principio de subsidiariedad, podríamos dar vuelta la cuestión y preguntarnos, no sólo si un nuevo movimiento sirve a los organismos pastorales diocesanos, sino también si éstos sirven al nuevo movimiento. Al fin y al cabo el cristiano debe buscar antes servir que ser servido.

3) Pastoral ambiental y pastoral territorial
Al igual que los demás Informes, también el Informe que estamos comentando denota a veces un énfasis excesivo en la territorialidad. Creemos que a este respecto es importante recordar que, si bien el párroco debe velar por el bien de todas las almas que habitan en el territorio de su parroquia, los fieles católicos de su jurisdicción no tienen ninguna obligación moral ni canónica de participar de la Santa Misa en su propia parroquia ni de participar en las actividades parroquiales. A diferencia de lo que ocurría en el pasado y lo que sigue ocurriendo en las áreas rurales, la movilidad de la vida moderna, sobre todo en grandes ciudades como Montevideo, vuelve muy natural la vinculación de un fiel a una comunidad cristiana distinta de su propia parroquia (ya sea otra parroquia, un colegio católico, un movimiento eclesial etc.). Se debe aceptar serenamente esta transformación, que probablemente se acentúe en el futuro.
La gran heterogeneidad de las situaciones personales y las necesidades religiosas de los fieles que viven en el territorio de la parroquia hace que ésta difícilmente pueda responder de forma adecuada a todas esas situaciones y necesidades. Además hay muchos ámbitos cuya atención pastoral no puede ser desplegada adecuadamente desde las parroquias territoriales: pensemos en la evangelización de los “mundos” del arte, de la política, de Internet etc. Por estas razones la pastoral ambiental tiene y tendrá que cumplir un rol fundamental. De ahí la necesidad y la urgencia de lograr una adecuada armonización y complementación entre pastoral ambiental y pastoral territorial, con espíritu de fraterna colaboración y no de absurda competencia.

Ing. Daniel Iglesias Grèzes
IV Sínodo Arquidiocesano de Montevideo, 23 de julio de 2005.

Comentarios sobre el IAS - Parroquia

1) La liturgia
“La liturgia es la cumbre a la cual tiende la actividad de la Iglesia y, al mismo tiempo, la fuente de donde mana toda su fuerza.” (Concilio Vaticano II, constitución Sacrosanctum Concilium, n. 10). De aquí se deduce que la liturgia ocupa un lugar central en la vida cristiana de la comunidad parroquial. Sin embargo, a diferencia del Documento de Trabajo, el Informe no profundiza en los problemas pastorales referidos a la liturgia en la parroquia.

2) La misión
El Informe no analiza los grandes desafíos pastorales planteados a las parroquias por fenómenos tales como el gran número de católicos practicantes esporádicos o no practicantes, la proliferación de las sectas y los nuevos movimientos religiosos, la influencia creciente de la in-creencia en nuestra cultura (sobre todo entre los jóvenes), la crisis del matrimonio y de la familia, la creciente falta de respeto al derecho a la vida (primero de los derechos humanos), etc. El Informe no parece tener en cuenta la presencia transversal de la dimensión familiar en toda la pastoral de conjunto, según las orientaciones del Plan Pastoral “San Felipe y Santiago Siglo XXI”.

3) Los organismos zonales
Por una parte, el Informe insinúa que ha habido una multiplicación exagerada de los equipos coordinadores de las distintas pastorales; y por otra parte propone revisar la sectorización parroquial y zonal de la Arquidiócesis. Estamos de acuerdo con ambos aspectos y nos parece oportuno destacar su relación mutua. Mantener vivo el frondoso organigrama de la Arquidiócesis se ha vuelto una carga difícil de sobrellevar en estos tiempos, por lo cual creemos que se requiere una drástica simplificación. Ésta podría implementarse fácilmente reduciendo de diez a cuatro el número de zonas pastorales. Así se eliminarían, sin mayores daños, muchos consejos y equipos coordinadores y sus consiguientes cargos de responsables zonales etc. Las nuevas zonas, más amplias que las actuales, permitirían un intercambio de ideas y experiencias más rico. También sugerimos estrechar los lazos entre las coordinadoras zonales de catequesis, pastoral juvenil, pastoral de la solidaridad etc. y los respectivos Consejos Pastorales Zonales (por ejemplo, convirtiendo a esas coordinadoras en subcomisiones de estos Consejos).

4) La formación de los agentes pastorales
El último núcleo del Informe que estamos comentando trata de los agentes pastorales y su formación. Dicho núcleo presenta siete propuestas, de las cuales cinco se refieren directamente a la formación. Sin embargo ninguna de ellas está explícitamente centrada en la formación de los agentes pastorales, sino que se refieren o parecen referirse a la formación de los laicos en general. Queremos complementar dichas propuestas subrayando la gran importancia de suministrar a los agentes pastorales una formación específica para cada ministerio, oficio o encargo eclesiástico que desempeñen.

5) La parroquia territorial y la pastoral ambiental
El Informe manifiesta su preocupación por la existencia de lo que denomina erróneamente “pluralidad de propuestas eclesiológicas que no pasan por la parroquia” (n. 25), las que, según el mismo Informe, “atentan contra la reciprocidad” (ídem). Creemos que aquí se manifiesta la tendencia a un predominio excesivo de la parroquia territorial en la pastoral de conjunto de la Arquidiócesis. Nos parece imprescindible adoptar un enfoque más equilibrado entre la parroquia territorial y la pastoral ambiental, puesto que ambas son necesarias y complementarias.

Ing. Daniel Iglesias Grèzes
IV Sínodo Arquidiocesano de Montevideo, 23 de julio de 2005.

Comentarios sobre el IAS - Pastoral de la solidaridad

1) Caritas
A diferencia de lo que ocurre en otros países (a través de Caritas u otras organizaciones semejantes), en Uruguay no existe una gran organización eclesiástica de promoción humana que tenga a la vez una fuerte organización central y una presencia ramificada en todas las parroquias. En la práctica la pastoral de la solidaridad arquidiocesana coordina sobre todo las actividades de un alto número de pequeños grupos parroquiales, que a menudo carecen de personería jurídica y casi siempre sufren de una gran escasez de recursos. Proponemos fortalecer a Caritas, por ejemplo ofreciendo a cada uno de esos grupos la posibilidad de convertirse en una rama parroquial de dicha organización. En esta hipótesis debería haber una interrelación muy estrecha entre Caritas y la Vicaría de la Pastoral de la Solidaridad.

2) Las ONG’s católicas
Gran parte de las acciones de promoción humana que realizamos los católicos son canalizadas a través de asociaciones civiles y fundaciones de inspiración católica. Aunque el Informe no profundiza en este aspecto, creemos que el apoyo a estas ONG’s es una de las tareas principales de la pastoral de la solidaridad. Al respecto proponemos los siguientes lineamientos:
a) Se debe estimular a las diversas comunidades católicas (incluso parroquiales) dedicadas a la promoción humana a buscar el reconocimiento de su personería jurídica no sólo en el ámbito civil sino también en el ámbito eclesial, como asociaciones de fieles.
b) Aplicando el principio de subsidiariedad de la doctrina social de la Iglesia, la Vicaría de la Pastoral de la Solidaridad debe apoyar a las ONG’s católicas ofreciéndoles diversos servicios (capacitación, encuentros, asesoramiento técnico, búsqueda de recursos etc.), sin dejar de respetar estrictamente su legítima autonomía.

3) Anuncio explícito del Evangelio
“No sólo de pan vive el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios.” (Mateo 4,4). Sin embargo en la pastoral de la solidaridad arquidiocesana a menudo falta el anuncio explícito del Evangelio. El Informe no se detiene a analizar esta debilidad ni a proponer medidas concretas orientadas a superarla.

4) El asistencialismo
Idealmente la pastoral de la solidaridad no debería limitarse al nivel de la mera asistencia, en el cual se satisfacen las necesidades materiales más urgentes de las personas pobres, sino que debería llegar al nivel de la promoción humana, en el cual se capacita a las personas necesitadas para procurar por sí mismas soluciones adecuadas a sus diversos problemas. En la práctica, sin embargo, debido a la escasez de conocimientos y recursos de los agentes de dicha pastoral, con frecuencia no se logra superar el nivel, necesario pero insuficiente, de la mera asistencia. El Informe, de carácter demasiado teórico, no aborda en profundidad este problema.

5) Los derechos de la familia
A pesar de la notable influencia de la crisis del matrimonio y de la familia en los actuales problemas socio-económicos, el Informe no presta ninguna atención a la defensa y promoción del derecho a la vida y los demás derechos naturales de la familia. Llama la atención que el Informe, en una larga enumeración de injusticias que a diario sufre nuestro pueblo (cf. n. 119), mencione incluso la inequidad en el acceso a la información, pero no mencione el aborto. Este silencio acerca de la mayor injusticia de nuestra época podría asemejarse a la ceguera de tantos cristianos de siglos pasados con respecto a la esclavitud.

Ing. Daniel Iglesias Grèzes
IV Sínodo Arquidiocesano de Montevideo, 23 de julio de 2005.

Comentarios sobre el IAS - Catequesis y sacramentos de la iniciación cristiana

Si bien valoramos positivamente muchas de las propuestas contenidas en el Informe sobre la catequesis y los sacramentos de la iniciación cristiana, echamos de menos en él una autocrítica de los resultados alcanzados en Montevideo en las últimas décadas por la catequesis, en sus dos dimensiones básicas: iniciación a la vida cristiana y enseñanza sistemática de la doctrina cristiana.
Los resultados de la catequesis como iniciación a la vida cristiana dejan mucho que desear, en la medida en que la gran mayoría de los católicos se aleja de la Iglesia (y en especial de la práctica sacramental) inmediatamente o poco después de haber recibido la Primera Comunión, o bien durante la adolescencia o la juventud. Son pocos los que perseveran en la recepción asidua de la Eucaristía y la Penitencia, reciben la Confirmación y llevan luego una vida cristiana militante. A fin de superar esta crisis nos parece muy atinada la propuesta de promover experiencias de catequesis familiar en las parroquias, pero creemos que convendría ampliar y concretar mucho más dicha propuesta y complementarla con otras medidas audaces, como por ejemplo la reducción a doce años de la edad mínima para recibir el sacramento de la Confirmación.
Si nos animáramos a evaluar los conocimientos de los catequizandos en materia religiosa, comprobaríamos que también dejan mucho que desear los resultados de la catequesis como enseñanza sistemática de la doctrina cristiana. Nos parecen oportunas las propuestas orientadas a mejorar la formación doctrinal de los catequistas y a elaborar nuevos materiales para todo el itinerario catequético, pero nos llama la atención la absoluta falta de referencias del Informe al Catecismo de la Iglesia Católica, piedra angular del edificio de la renovación de la catequesis.
El Papa Juan Pablo II, refiriéndose al Catecismo de la Iglesia Católica, escribió lo siguiente: "Este Catecismo es una contribución importantísima a la obra de la renovación de la vida eclesial, deseada y promovida por el Concilio Vaticano II... Pido, por tanto, a los pastores de la Iglesia y a los fieles, que reciban este Catecismo con un espíritu de comunión y lo utilicen constantemente cuando realizan su misión de anunciar la fe y llamar a la vida evangélica." (Const. ap. Fidei Depositum, nn. 1.4). Por su parte, cuando aún era Cardenal, el Papa Benedicto XVI escribió lo siguiente: “El Catecismo está haciendo surgir ya, allí donde no se lo bloquea intencionadamente, una gran cantidad de nuevas iniciativas para la evangelización y la predicación. Pero en el origen de todas estas iniciativas se halla siempre la persona del catequista.” (J. Ratzinger, Evangelio, Catequesis, Catecismo, EDICEP C.B., Valencia 1996, p. 47).
A la luz de estas orientaciones, deberíamos evaluar la recepción que se dio al Catecismo de la Iglesia Católica en nuestra Iglesia local: ¿Fue recibido de buen grado? ¿Fue promovido y difundido adecuadamente? ¿Cuántos de nuestros catequistas han leído y estudiado el Catecismo? ¿Cuántos lo conocen a fondo y lo utilizan constantemente en su labor catequética?
Ciertamente es necesario adaptar el Catecismo de la Iglesia Católica a las diferentes culturas, edades, situaciones, etc. Una parte fundamental de esta tarea de adaptación consiste en la elaboración de catecismos locales, nacionales o diocesanos (cf. DCG, nn. 284-285). Por otra parte, el pasado 28 de junio la Santa Sede presentó el Compendio del Catecismo de la Iglesia Católica, que es apto para ser utilizado directamente por los catequizandos como texto de estudio, en muchos casos.
Recomendamos que se procure la edición de catecismos nacionales, con la previa aprobación de la Sede Apostólica (cf. CDC, can. 775,2), utilizando para ello como texto de referencia seguro y auténtico al Catecismo de la Iglesia Católica (cf. Juan Pablo II, Const. ap. Fidei Depositum, n. 4). Además proponemos que, mientras no existan dichos catecismos nacionales, su rol sea suplido en la medida de lo posible por el Compendio del Catecismo de la Iglesia Católica.

Ing. Daniel Iglesias Grèzes
IV Sínodo Arquidiocesano de Montevideo, 23 de julio de 2005.

Comentarios sobre el IAS - Jóvenes y vocación a la fe

Partimos de una constatación: la situación religiosa de los jóvenes montevideanos presenta aspectos muy preocupantes. Según un estudio de 1996 sobre la religiosidad de los montevideanos, mientras que entre los ancianos los católicos superan a los ateos en una proporción mayor que 10 a 1, entre los jóvenes dicha proporción no llega a 1,5 a 1. Cabe entonces cuestionar seriamente el grado de eficacia de la pastoral juvenil arquidiocesana de las últimas décadas.

1) En ese contexto, nos alegra que el Informe sobre los jóvenes y la vocación a la fe, corrigiendo la postura del Documento de Trabajo, que consideraba a la pastoral juvenil y la pastoral vocacional como dos acciones pastorales distintas, haya optado por una pastoral juvenil que sea en sí misma pastoral vocacional. Creemos que esta opción debe ser vista como un caso particular dentro de una necesidad más general: la de devolver a la Pastoral de Conjunto su verdadero espíritu, combatiendo su tendencia práctica a fraccionarse en un conjunto de pastorales sectoriales escasamente comunicadas entre sí.
En esta línea, nos parece de fundamental importancia establecer fuertes nexos entre la pastoral juvenil y la pastoral familiar. Más concretamente, pensamos que la pastoral juvenil debería:
a) Prestar una atención prioritaria a la relación del adolescente y el joven con su familia paterna.
b) Desarrollar instancias de participación de los padres en el itinerario pastoral de sus hijos.
c) Impulsar la formación de pequeñas comunidades de familias, donde los intercambios se den algunas veces dentro de cada generación y otras veces entre las generaciones.
d) Colaborar con la catequesis y la pastoral familiar en lo referente a la preparación (remota, próxima o inmediata) de los adolescentes y jóvenes al matrimonio.

2) También nos alegra que el Informe haya dado prioridad al carácter evangelizador de la pastoral juvenil por sobre su dimensión organizativa. Creemos que a menudo la pastoral juvenil arquidiocesana ha dado excesiva importancia a la participación en los organismos de coordinación y a los métodos empleados en los grupos, tendiendo a perder de vista la prioridad del llamado a la conversión, la santidad y el apostolado. Además, con frecuencia se ha tendido a acentuar de un modo unilateral la dimensión sociopolítica de la fe cristiana, descuidando la formación doctrinal y moral y el cultivo de la vida de oración personal y litúrgica.
En esta línea, apoyamos la propuesta del Informe de multiplicar las instancias de formación de los jóvenes. Agregamos que sería conveniente fomentar la dimensión formativa de los propios grupos de pastoral juvenil, por ejemplo dedicando una de cada dos reuniones a la formación. Pensamos que sólo jóvenes debidamente formados podrán aplicar correctamente la metodología de la “revisión de vida”, dado que ésta supone un cristiano capaz de ver y juzgar la realidad a la luz de la Divina Revelación, hipótesis que muchas veces no se cumple por desconocimiento del contenido esencial de la fe cristiana.
Además, nos parece conveniente que la pastoral juvenil promueva los siguientes aspectos:
a) La participación asidua de los adolescentes y jóvenes en los sacramentos de la reconciliación y la eucaristía (sobre todo dominical).
b) La dimensión (no exclusiva) de los grupos de pastoral juvenil como escuelas de oración.
c) La dedicación de los sacerdotes a la dirección espiritual de los adolescentes y jóvenes.
d) La realización periódica de retiros o ejercicios espirituales para adolescentes y jóvenes.

Ing. Daniel Iglesias Grèzes
IV Sínodo Arquidiocesano de Montevideo, 23 de julio de 2005.

Comentarios sobre el IAS - Educación católica

A nuestro juicio el Informe sobre la educación católica contiene muchas propuestas positivas. No obstante creemos que en varios aspectos fundamentales carece de la audacia requerida por la gravedad de la situación. A continuación intentaremos explicar esta valoración.

1) Aplaudimos las iniciativas de formación cristiana de los docentes de las escuelas católicas, pero consideramos que todas ellas serán insuficientes si no se cambia radicalmente la política de contratación de docentes y directivos. Según el CDC: “La enseñanza y educación en una escuela católica debe fundarse en los principios de la doctrina católica; y han de destacar los profesores por su recta doctrina e integridad de vida” (CDC, can. 803,2). De los profesores de religión se exige además que destaquen “por el testimonio de su vida cristiana” (CDC, can. 804,2). Por lo tanto, entendemos necesario decretar explícitamente:
a) Que todos los directivos, profesores de religión y catequistas deben ser católicos comprometidos con la Iglesia, con buena formación cristiana, práctica sacramental asidua y conducta íntegra.
b) Que los nombramientos de todos los directivos, capellanes, profesores de religión y catequistas deberán ser confirmados por el Arzobispo. Esta última norma regiría no sólo para los nombramientos futuros, sino también para confirmar o no a las personas que detentan actualmente dichos cargos.
c) Que en adelante los cargos docentes vacantes serán ocupados por docentes católicos que no sean indiferentes ni hostiles a la fe católica, se adhieran a los dogmas cristianos fundamentales, participen al menos esporádicamente de la liturgia de la Iglesia y tengan una conducta recta.

2) Aprobamos las iniciativas orientadas a promover el derecho de las familias a la libertad de educación, sobre todo en materia religiosa. Sin embargo nos parece necesario plantear un plan más ambicioso acerca de este asunto. Creemos que los principales objetivos a mediano plazo de dicho plan podrían ser los siguientes:
a) Lograr que los colegios y liceos católicos puedan tener sus propios planes de estudios y sus propios programas para cada asignatura, independientes de los de la ANEP.
b) Crear al menos un instituto católico de formación docente.
c) Crear una Fundación Pro Educación Católica, que otorgue becas a estudiantes de familias de escasos recursos económicos, a fin de permitirles cursar sus estudios en la escuela católica.
d) Lograr que las asociaciones de padres de alumnos puedan participar en la gestión de las escuelas y liceos estatales, incluso en relación con los temas propiamente educativos.

3) Apoyamos la idea de elaborar un Proyecto Educativo Arquidiocesano de Referencia. Sin embargo nos parece insuficiente proponer orientaciones cuya adopción sería opcional para los colegios y liceos católicos. Recordemos que al Obispo diocesano “le compete dictar normas sobre la organización general de las escuelas católicas; tales normas también son válidas para las escuelas dirigidas por miembros de [los institutos religiosos]” (CDC, can. 806,1).
Una de estas normas podría ser la distinción entre la clase de religión (obligatoria y en lo posible evaluable para todos los alumnos de las escuelas católicas) y la catequesis (obligatoria para la escuela católica, opcional para los alumnos católicos y vedada para los no católicos).

Ing. Daniel Iglesias Grèzes
IV Sínodo Arquidiocesano de Montevideo, 23 de julio de 2005.

Comentarios sobre el IAS - Identidad y protagonismo del laicado

El Informe sobre la identidad y el protagonismo del laicado nos merece reparos por algunas cosas que dice y por otras que no dice. Presentaremos ambos aspectos en ese orden:

1) Afirmaciones:
a) El Informe realiza algunas afirmaciones que a nuestro juicio se apartan de la eclesiología enseñada por el Magisterio de la Iglesia y se enmarcan dentro de corrientes teológicas muy cuestionables.
b) En la reseña histórica parece subestimarse la continuidad esencial entre la espiritualidad laical pre-conciliar y la post-conciliar, denotándose una especie de neo-triunfalismo.
c) Al referirse a los nuevos movimientos eclesiales, el Informe parece considerarlos ante todo como un problema, en vez de verlos ante todo como un gran don de Dios a la Iglesia.
d) En general percibimos una tendencia a un predominio excesivo del principio territorial en la Pastoral de Conjunto y a una acentuación unilateral de una forma determinada de participación de los laicos en la Iglesia: la de las pequeñas comunidades en la parroquia.

2) Omisiones:
Lamentamos que el Informe apenas aluda a muchos aspectos importantes de la situación actual del laicado montevideano o ni siquiera los mencione. Nos referimos a los siguientes desafíos:
a) El desafío de los católicos alejados de la Iglesia.
Muchos católicos montevideanos no creen en dogmas fundamentales de la fe cristiana o tienen opiniones contrarias a aspectos esenciales de la moral católica. Además, la gran mayoría de los laicos montevideanos no practica la oración personal ni participa en la liturgia.
b) El desafío de la evangelización de la cultura y el diálogo con los no creyentes.
En nuestra cultura predomina un secularismo radical, que pretende excluir totalmente a la religión del espacio público. La influencia del secularismo, el materialismo y el relativismo alcanza incluso a muchos católicos. Además, el ateísmo, el agnosticismo y el deísmo son posturas muy difundidas, sobre todo entre los poderosos, los intelectuales y los jóvenes.
c) El desafío de las sectas y los nuevos movimientos religiosos, que han arraigado y crecido en Montevideo en las últimas décadas.
d) El desafío de la formación doctrinal de los laicos.
Muchos laicos montevideanos tienen un nivel de formación doctrinal muy inferior al correspondiente a su cultura general, lo cual contribuye a que la mayoría cuantitativa de católicos se manifieste como una minoría cualitativa.
e) El desafío del anuncio explícito del Evangelio en todos los hogares de nuestra Arquidiócesis.
f) El desafío de la “cultura de la muerte” y su embestida contra el matrimonio y la familia.
g) El desafío de la evangelización del ámbito del trabajo y la empresa.
h) El desafío de la notable debilidad política de los católicos.
i) El desafío de la atención pastoral de la gran cantidad de montevideanos que han emigrado a España, Estados Unidos y otros países.
j) El desafío de asumir como primera prioridad pastoral la vocación universal a la santidad, según lo planteado por el Papa Juan Pablo II en la carta apostólica Novo Millennio Ineunte nn. 30-31 y lo expuesto por nuestro Arzobispo en la 3ª Reunión de la Asamblea Sinodal.

Ing. Daniel Iglesias Grèzes
IV Sínodo Arquidiocesano de Montevideo, 23 de julio de 2005.

ALGUNAS REFLEXIONES SOBRE LA FORMACIÓN DOCTRINAL DEL CATÓLICO MONTEVIDEANO (Lic. Néstor Martínez)

Dios es Amor, y el que vive en el amor vive en Dios, y Dios vive en él. El Absoluto de Dios se manifiesta justamente en su infinita capacidad de amor, de perdón y de misericordia. Ésa es la novedad cristiana que no se deja embretar en ninguna condicionante cultural ni histórica.

Eso es lo que hace que el Evangelio no pueda jamás ser un punto de vista ni algo sujeto al cambio. Dios nunca dejará de ser Aquel que nos ha creado, que nos ha amado tanto que ha entregado a su Hijo, el cual ha muerto en la cruz por nuestros pecados, y Aquel que ha enviado a nuestros corazones al Espíritu Santo para hacer nuevas todas las cosas.

El tiempo y la historia tienen su origen y su fin último en el amor trinitario y están regidos desde siempre por el designio eterno e inmutable de Dios de “hacer que todo tenga a Cristo por Cabeza, lo que está en el cielo y lo que está en la tierra”. Desde toda la eternidad la humanidad está ordenada a ser Iglesia, es decir, Cuerpo de Cristo, para gloria del Padre en el Espíritu Santo.

El sentido último de la historia no es tanto ir adaptando este mensaje a las diversas situaciones y culturas, cuando ir recapitulando las diversas manifestaciones de lo humano en el único Misterio que antecede y trasciende a la historia y a todos los tiempos. La movilidad que experimentamos en lo humano es sólo un aspecto de la ejecución de un Designio que Dios contempla desde su inmutable e inefable Eternidad y que a nosotros nos ha sido revelado de una vez para siempre en Jesucristo, que es “el mismo ayer, y hoy, y por los siglos”.

Esa inmutabilidad absoluta del ser trinitario y del plan de salvación revelado por Dios en Cristo, según el cual Él regula desde la Eternidad la dinámica de la historia armoniza plenamente con lo que la filosofía realista, la filosofía del ser, nos dice sobre la inmutabilidad de la naturaleza divina y la irreductibilidad del ser al mero devenir, contra todas las variaciones del heraclitismo que se han dado a lo largo de la historia de la filosofía.

Fuera de esta revelación del amor de Dios en Jesucristo la aventura humana, cargada de tantos bienes con que el hombre ha sido enriquecido desde la Creación, queda sin embargo abocada, de hecho, a la oscuridad y la desesperación, al vacío último de sentido. Cuanto más blasona el ser humano de su libertad autónoma y de su capacidad para dar un sentido a la existencia al margen de Dios y de Cristo, más se va convirtiendo la historia humana en el escenario del desamor y de las múltiples formas del fratricidio.

Nuestra época bien podría aspirar a un carácter paradigmático en cuanto a ese vínculo entre negación de Dios y de Cristo, carencia de sentido de la existencia, y desarrollo sin par de la lógica homicida que surge del rechazo del plan de Dios.

Es como si el ser humano intentase borrar hasta el último vestigio de la presencia de Dios en el mundo, de ese Dios cuyo designio amoroso ha rechazado en nombre de la falsa libertad. Pero el último “vestigio” de Dios que queda es nada menos que su Imagen, el hombre mismo. La “naturaleza humana” expresa, mirada a la luz de la fe, la imagen de Dios en el hombre, el centro mismo del plan de Dios, que ha creado todas las cosas por Cristo y para Cristo, el Verbo de Dios hecho hombre. La humanidad entra entonces en una especie de vértigo suicida que llega a querer borrar la noción misma de una naturaleza humana para convertir al hombre simplemente en materia prima manipulable de la “libertad”, que en realidad se parece cada vez más a una reacción instintiva incontrolable.

Es cierto que se nos pide mirar este hecho desde la fe y la esperanza radicales que se fundan precisamente en el designio amoroso de Dios manifestado en Jesucristo. Por eso mismo es que no tenemos ningún otro lugar desde donde mirarlo, y que debemos cuidar muy bien de que nuestra percepción no se vea reconducida a las formas de pensar propias del “hombre viejo”, por la seducción de las ideologías de moda.

Contemplamos así que hoy día se extiende un pensamiento “políticamente correcto” que hace una nueva y extraña alianza entre liberalismo y marxismo. La “perspectiva del género” es la ideología que conjuga, por un lado, la crítica de la familia como institución opresora inaugurada por el marxismo, con el concepto individualista de la “libertad” propio de las tradiciones liberales. Se percibe fuertemente la influencia del programa neomarxista de Gramsci consistente en la destrucción del sentido común, la filosofía realista, la familia, y la Iglesia, como pasos previos indispensables a la “hegemonía cultural” que debería llevar al poder a las elites revolucionarias. El concepto de “naturaleza humana” es atacado violentamente tanto desde el historicismo marxista como desde el nihilismo existencialista, cuyos restos flotan aún en el naufragio de la “modernidad”. El “progresismo” estadounidense, los países ricos con su proyecto de control poblacional, la ONU, y la izquierda mundial aparecen allí mancomunados en una alianza de contornos difusos pero innegables.

Bajo este alero ideológico se cobijan las propuestas que nos conmueven todos los días desde los medios de comunicación: despenalización y legalización del aborto, de la eutanasia, matrimonios homosexuales con capacidad de adopción de niños, fomento de la sexualidad adolescente mediante distribuciones de preservativos y “educación sexual” al margen de los padres, proyectos de manipulación genética en los que el ser humano pierde totalmente su dignidad y que posibilitan por un lado la destrucción masiva de embriones, es decir, seres humanos ya concebidos, y por otro, el viejo sueño de manipular la naturaleza humana para terminar finalmente creando “golems” que gratifiquen el deseo diabólico de “ser como dioses”.

Junto con esto se difunden propuestas de defensa de los derechos de los animales, a veces por parte de los mismos que llevan el “derecho de abortar” hasta formas de declarado infanticidio, que debería estar según ellos permitido a los padres en los primeros meses de vida del hijo. En esta sociedad de la globalización estamos siendo todos testigos, vía televisión, de cómo el sistema legal estadounidense asesina en público a una mujer que ha vivido los últimos años de su vida en estado vegetativo, retirándole, no los tratamientos extraordinarios que podrían significar un “ensañamiento terapéutico”, sino simplemente la alimentación, para que muera de hambre y sed, ante la impotencia de parte de su familia, pues se juzga que su vida no vale la pena de ser vivida.

Es obvio que juntamente con todo esto, se perpetúa el mal de la pobreza y la miseria de la mayor parte de los habitantes del planeta. Es parte de la misma lógica homicida que ve en el ser humano mismo, tal como ha salido de las manos de Dios, un obstáculo para la “libertad”. ¿Cómo esperar lógicamente que se respeten los mínimos derechos de los adultos si no se respeta el elemental derecho a la vida del que aún no ha nacido?

La angustia que provocan las situaciones de miseria a nuestro alrededor lleva a veces a centrar todo en el drama económico, y eso hace que se reduzca peligrosamente el campo visual de aquellos que quieren contribuir a la mejora de la situación de las personas. El pragmatismo y la eficacia tomados como objetivos supremos llevan a la ceguera respecto de la amenaza tremenda que se cierne cada vez más sobre todas las sociedades del planeta. Se puede entrever confusamente, pensamos, que es la amenaza de una especie de imperio mundial animado por una filosofía o ideología centrada precisamente en el rechazo de la naturaleza humana, el imperio de la auto-creación del hombre que es en realidad la expresión máxima del sometimiento del hombre por el otro hombre. Orwell y Huxley habrán sido finalmente y lamentablemente, profetas de este “nuevo tiempo” que es nuevo ante todo en el grado de demencia con que intenta cortar todo vínculo con el Creador.

No son tiempos éstos, entonces, para confusiones y ambigüedades en la percepción de fe que los cristianos tenemos de la realidad. Sin embargo, la inmensa y negra ola de la cultura anti-vida adveniente se alza sobre una comunidad cristiana que se ha caracterizado precisamente en los últimos decenios por una afición a poner en duda todas sus certezas, a relativizar en lo posible sus propios fundamentos, a dar de entrada por supuesta la excelencia de las intenciones, las propuestas, los métodos, que surgiesen de ambientes contrarios a su fe, a ejercer el juicio crítico solamente “ad intra” con los representantes oficiales del Magisterio eclesiástico, que tiene sin embargo la tarea precisamente de guiar a la Iglesia en el cumplimiento de su misión, y para nada “ad extra”, hacia ese “mundo” que tal vez se consideró con demasiado optimismo y que hoy nos revela un rostro que es muy difícil de integrar como signo positivo de los tiempos.

Un catolicismo embretado por esquemas ideológicos ajenos a la fe cristiana no sería capaz de hacer frente a la tremenda marejada que nos traen los tiempos actuales. Sólo la unidad en la fe de la Iglesia puede darnos la posibilidad de actuar y responder como cuerpo ante el desafío presente.

La mentalidad y la filosofía relativistas, tan extendidas en nuestro medio, obstaculizan la manifestación de la novedad del Evangelio. La fe cristiana es incompatible con una filosofía relativista o del puro devenir de todas las cosas. Esa filosofía es sin embargo la que se presenta, al menos, como el modo de pensar preponderante en nuestra sociedad. La misión eclesial pierde todo sentido en el contexto de un pensamiento para el cual no existe una verdad absoluta o no se puede conocer con fundamento. La misma existencia humana queda sin significado si no hay algo absoluto a lo cual dirigir la vida y en lo cual dar razón última de las opciones vitales más importantes.

Pero si el ataque se dirige hoy día a los fundamentos mismos, ya no solamente de la fe cristiana, sino de la simple y mera presencia humana en el mundo, eso no hace sino revelar de un modo nuevo y más urgente aún la importancia de la recta formación filosófica. Recordemos que el sentido común y la filosofía realista son blanco preferencial de la estrategia destructora gramsciana, y que es justamente contra la noción de una “naturaleza humana” que se libra hoy día la guerra de las feministas de “género” al propulsar el aborto, la destrucción de la familia y la equiparación de la homosexualidad con el matrimonio, por ejemplo.

Pues bien, tampoco a nivel filosófico ha sido del todo excelente el desempeño de la comunidad cristiana en los últimos decenios. En muchos ambientes se entendió la renovación propuesta por el Concilio Vaticano II como excusa para el abandono puro y simple de la formación filosófica, sustituida por las “ciencias humanas”, como la sociología o la psicología. En otros, se optó por dar “vía libre” a cualquier corriente filosófica en la formación de los aspirantes al sacerdocio. Se generalizó la actitud crítica y de rechazo hacia la filosofía tradicional de la Iglesia, a pesar de las continuadas recomendaciones y advertencias del Magisterio. La consecuencia de todo esto sólo ha podido ser una inseguridad básica en los mismos fundamentos intelectuales sobre los que luego se pretende construir la visión teológica de la realidad. El líquido toma la forma del recipiente, y aquí los recipientes han estado muchas veces llenos de agujeros. La consecuencia de todo ello sólo puede ser una presencia católica dubitativa, insegura, tímida, acomplejada, y en último término, callada, silenciosa, muda.

Y cuando no ha sido muda, muchas veces, ha prestado su voz a ideologías extrañas a la fe, precisamente porque éstas han ocupado el puesto dejado vacante por el “patrimonio filosófico perennemente válido” del que hablaba el Concilio, para convertirse en las verdaderas estructurantes mentales del pensamiento teológico. Se ha ejercido, entonces sí, la crítica sobre el “mundo”, pero no tomado en su globalidad, ni tampoco alcanzado en los fundamentos de sus errores y de sus males, precisamente porque sólo se reaccionaba ante los aspectos parciales percibidos por una visión ideológica también parcial que era a su vez expresión ella misma de la situación mundana de alejamiento de Dios.

Se puede calcular fácilmente cuál ha sido el impacto que las deficiencias en la formación filosófica han tenido sobre la teología, a nivel mundial, que no deja de influir obviamente, en nuestro medio. Se pueden comprobar fácilmente los resultados de ese cálculo hojeando libros o revistas en que se expresa el pensamiento teológico actual. Por supuesto que el panorama es variadísimo, también en calidad y en grado de fidelidad al mensaje revelado y al Magisterio que lo propone autorizadamente. Pero es preocupante e inédita hasta ahora, pensamos, la cantidad de autores, libros y artículos que simplemente no dan para nada la impresión de sintonizar con la fe de la Iglesia de todos los tiempos. Se tiene la sensación de que hay ámbitos enteros de pensamiento “eclesial” en los cuales lo que se propone es en realidad otra cosa distinta de la fe católica.

Así se explica la innegable sensación de desorientación que parece palparse en la comunidad cristiana y católica ante las alternativas del tiempo presente, que por otra parte se apoya en el mismo carácter ambiguo e indefinido de la actual coyuntura histórica. Da la sensación un poco de “sálvese quien pueda”, de que cada uno agarra para donde le parece que puede haber algo válido, en el contexto de una sociedad “post-moderna” en la cual hasta la brujería ha llegado a ser de nuevo opción a considerar para muchos ex – habitantes de la mentalidad “ilustrada”.

Se entiende por tanto cómo este contexto de pérdida de identidad de la propuesta católica ha ayudado en parte entre nosotros al éxodo de muchos ex – fieles hacia otras formas de culto religioso que han proliferado en nuestro medio, en el que ya no nos sorprende ver a verdaderas multitudes congregadas en torno a ofertas del nivel de la “umbanda” o de ciertas formas de “brujería cristiana” que han salido recientemente a luz y han logrado en materia de espacios televisivos, por ejemplo, lo que como Iglesia no hemos podido tener hasta el presente.

Por todo eso es que nos permitimos señalar que un elemento esencial de la formación doctrinal del católico montevideano ha de ser la recta y sana formación filosófica según la tradicional “filosofía perenne” que ha tenido como tal carta de ciudadanía en la Iglesia por siglos, por supuesto que en forma actualizada y en diálogo constante con los avances de las ciencias. Necesitamos criterios y lenguajes comunes, pero ni siquiera los que proporciona la fe podrían serlo, si la base humana misma de toda comunicación, ese sentido básico del ser, de la realidad, de la verdad, de los primeros principios de la razón, está arruinada o no es operante en nosotros por el influjo destructor de las ideologías de moda. En ese sentido, necesitamos también una actitud más crítica respecto de todas las corrientes filosóficas de la modernidad que partiendo de Descartes, de Hume y de Kant han puesto las bases del actual ataque al sano sentido común del ser humano y a la negación o puesta en duda de las verdades más evidentes y fundamentales de orden natural.

Y ello ha de ir acompañado, pensamos, a nivel teológico, por una renovada preocupación y vigilancia respecto de la fidelidad a la Iglesia, a su fe, a su tradición, a su Magisterio autorizado, y una atención mayor a los grandes clásicos de la teología que hoy también pueden ayudarnos a formar una síntesis del pensamiento creyente que sea capaz de orientar e iluminar en la coyuntura actual.

Que María Santísima, Virgen de los Treinta y Tres, interceda por todos nosotros para que podamos ser fieles a lo que el Señor nos pide en esta hora.

IV Sínodo Arquidiocesano de Montevideo, 2 de abril de 2005.

lunes, marzo 28, 2005

La religiosidad de los montevideanos

Plantearemos algunas reflexiones y propuestas pastorales a partir de los datos estadísticos sobre la religiosidad de los montevideanos aportados por los siguientes dos libros:
· Néstor Da Costa - Guillermo Kerber - Pablo Mieres, Creencias y Religiones. La religiosidad de los montevideanos al fin del milenio, Ediciones Trilce, Montevideo, 1996 (en adelante citado como DKM).
· Néstor Da Costa, Religión y Sociedad en el Uruguay del siglo XXI. Un estudio de la religiosidad en Montevideo, CLAEH, CUM, Montevideo, 2003 (en adelante citado como NDC).
Las encuestas en las que se basan dichos libros fueron realizadas en 1994 y 2001 respectivamente.

1. Datos principales.
En este capítulo presentaremos los datos acerca de la religiosidad de los montevideanos que consideramos más importantes, según los resultados de las encuestas referidas, clasificándolos como positivos o negativos desde la fe católica y añadiéndoles en ocasiones algún comentario. Es preciso tener en cuenta que dichos resultados se refieren a la autodefinición religiosa de las personas encuestadas.

1.1 Aspectos positivos.
· Uruguay sigue siendo un país de población mayoritariamente católica:
Los católicos eran el 47,9% de la población de Montevideo en 1994 (DKM p. 55) y el 54,0% en 2001 (NDC p. 91). Dado que es muy probable que el porcentaje de católicos del Interior de la República sea bastante superior al de Montevideo, consideramos seguro afirmar que los católicos son mayoría absoluta en el Uruguay.
· Una amplia mayoría de los montevideanos se auto-definen como cristianos: el 60,5% en 1994 (DKM p. 55) y el 65,6% en 2001 (NDC p. 91). Hemos sumado los porcentajes de los católicos y de los cristianos no católicos, incluyendo en este último grupo a los cristianos de otras denominaciones y a los cristianos no afiliados a ninguna denominación.
· Una amplísima mayoría de los montevideanos creen en la existencia de Dios: el 80,6% en 1994 (DKM p. 60) y el 81,0% en 2001 (NDC p. 86).
· Casi la mitad de los montevideanos realizan una evaluación positiva o muy positiva de la Iglesia Católica: el 48,9% en 1994 (DKM p. 78) y el 48,3% en 2001 (NDC p. 147). Dado que las evaluaciones negativas o muy negativas son minoritarias, el saldo final de imagen de la Iglesia Católica es muy positivo. También el Papa, los Obispos, los sacerdotes y las religiosas tienen saldos de imagen positivos (DKM p. 83; NDC p. 147).
· La Iglesia Católica es, con mucha ventaja, la institución en la que los montevideanos confían más. Además de la Iglesia, la única institución con saldo positivo de confianza es el Poder Judicial. Los cultos afro-brasileños y las iglesias pentecostales cierran la lista de instituciones evaluadas, presentando saldos de confianza muy negativos (NDC p. 163; véanse datos similares en DKM p. 87), lo cual hace pensar que difícilmente puedan seguir ganando muchos adeptos a mediano plazo.
· Alta valoración de la familia: El 82,1% de los montevideanos le asigna mucha importancia. La familia es, con bastante ventaja, el más valorado de los ámbitos de la vida social (DKM p. 47).

1.2 Aspectos negativos:
· Los católicos disminuyen: En los últimos cincuenta años el porcentaje de católicos ha seguido, con altibajos, una clara tendencia decreciente: 67,0% en 1955, 72% en 1964, 47,9% en 1994 y 54,0% en 2001 (NDC p. 107). La encuesta de 1955 parece haber sido menos precisa: la unidad en estudio era la familia, por lo cual un solo integrante de la familia aportaba los datos de todos los integrantes de la misma (NDC p. 101). Dejando pues de lado esa encuesta, resulta que en un período de 37 años (de 1964 a 2001) el porcentaje de católicos disminuyó 18 puntos, o sea casi medio punto por año.
· Hay malas perspectivas para el futuro próximo: El porcentaje de católicos decrece sistemáticamente a medida que decrece la edad de los montevideanos. Mientras que entre las personas de 65 años o más los católicos ascienden al 61,9%, entre las personas de 18 a 29 años son sólo el 35,6% (DKM p. 55). La interpretación optimista de estos datos (vale decir, la hipótesis de que muchos montevideanos se convierten al catolicismo a medida que envejecen) debe ser descartada: El porcentaje de los que afirman que su vivencia religiosa aumentó a lo largo de la vida (20,8%) es prácticamente igual al de los que afirman que disminuyó (20,0%); y casi la mitad (49,8%) afirma que ni aumentó ni disminuyó (NDC p. 117; véanse datos similares en DKM p. 58). Más aún, sobre el total de quienes afirman haber experimentado cambios en su definición religiosa, el 56,8% afirma que el cambio se produjo entre los 13 y los 20 años. Casi todos esos cambios se produjeron antes de los 31 años (NDC p. 116). Por lo tanto cabe concluir que la mayoría de tales cambios consisten en la pérdida de la fe católica durante la adolescencia o la juventud. No obstante destacamos que los dos estudios considerados presentan una gran discrepancia en cuanto al porcentaje de católicos que ha mantenido siempre la misma definición religiosa: 95,5% en 1994 (DKM p. 58) y 75,9% en 2001 (NDC p. 115). Según el primer dato casi no habría conversiones hacia el catolicismo, mientras que según el segundo dato el porcentaje de tales conversiones sería apreciable.
· Amenazas internas:
Las encuestas consideradas abundan en datos preocupantes acerca del bajo grado de adhesión a la Iglesia de muchos montevideanos que se definen como católicos. A continuación mencionaremos algunos de esos datos, agrupándolos según se refieran a la doctrina, a la liturgia o la oración personal o a la moral.
· Católicos “a la carta”:
Muchos católicos no creen en doctrinas católicas fundamentales:
o El 79,1% de los católicos cree que Jesús es el Hijo de Dios hecho hombre (DKM p. 64).
o El 42,3% de los católicos opina que después de la muerte se resucita o se produce un encuentro con Dios (DKM p. 68). Sin embargo muchos creen en la reencarnación: 8,6% en 1994 (DKM p. 68) y 28% en 2001 (NDC p. 96).
o El 75% de los católicos cree en el alma, el 64% en el pecado, el 48% en el Paraíso, el 27% en el diablo, el 24% en el infierno y el 21% en la infalibilidad papal (NDC p. 96).
o El 24% de los católicos opina que la religión es el opio de los pueblos y el 28% que es un consuelo que se inventa la gente (NDC p. 99).
En general el grado de incongruencia con la doctrina católica no se reduce mucho si nos limitamos a considerar a los católicos practicantes o muy practicantes.
· Católicos “no practicantes”:
El grado de práctica del culto católico es muy bajo:
o Sólo el 14,4% de los católicos se define a sí mismo como practicante o muy practicante. El 36, 1% se define como “no muy practicante” (o sea, poco practicante) y el 47,7% como no practicante (NDC p. 94). Sin embargo, un 51,9% de los católicos participa en expresiones de religiosidad popular católicas (NDC p. 141).
o El 55,8% de la población de Montevideo asistió de niño o de joven a una parroquia católica pero no lo hace actualmente. El 30,5% de la población y el 45% de los católicos afirma que acude actualmente a parroquias católicas. Sin embargo, dentro de ese grupo, el 14% (o sea, el 6,3% de los católicos o 3,4% de la población) asiste a Misa asiduamente, el 53% asiste ocasionalmente y el 32% no asiste a Misa (NDC pp. 124-125).
o El 93% de los católicos opina que se puede ser buen religioso sin ir a la iglesia todas las semanas (NDC p. 97).
o El 80% de los católicos opina que no hay necesidad de sacerdotes en tanto cada individuo puede encontrarse con Dios directamente (NDC p. 98).
o Sólo el 18,3% de los montevideanos se consideran vinculados a la Iglesia Católica (DKM p. 76).
o El porcentaje de la población de Montevideo que recibió los sacramentos de la Iglesia Católica bajó mucho de 1964 a 2001: Los bautizados descendieron del 94% al 85,8%; los confirmados del 63% al 33,8% y los casados por la Iglesia del 74% al 30,5% (NDC p. 109). En 2001 el 59,3% de la población de Montevideo afirmó haber recibido la Primera Comunión y el 36,8% haberse confesado al menos una vez en la vida (NDC p. 125). Seguramente muchos no recuerdan haberse confesado antes de su Primera Comunión.
o El alejamiento de los fieles católicos del culto creció mucho en las últimas décadas: Mientras que en 1964 el 25% de los creyentes no concurría nunca al culto o lo hacía muy excepcionalmente, en 2001 el 59,6% no concurría (NDC p. 109).
o Sobre el total de creyentes en Dios, el 29,4% reza casi todos los días, el 29,4% reza con menor frecuencia y el 39,0% no reza. (NDC p. 133).
· Católicos “mundanos”:
Muchos católicos se han apartado de la doctrina moral de la Iglesia (DKM p. 51):
o Con respecto a la admisión del divorcio, el 70,2% de la población de Montevideo se manifiesta en acuerdo total y el 11,1% en desacuerdo total.
o Con respecto a las relaciones prematrimoniales, el 60,3% se manifiesta en acuerdo total y el 13,8% en desacuerdo total.
o Con respecto al rechazo de la educación religiosa en escuelas públicas, el 44,3% se manifiesta en acuerdo total y el 24,6% en desacuerdo total. La arraigada tradición laicista del Uruguay hacía temer un resultado peor en este punto.
o Con respecto a la legalización del aborto, el 45,9% se manifiesta en acuerdo total y el 38,5% en desacuerdo total.
· Amenazas externas:
· Secularismo:
· En 1994 sólo el 23,5% de los montevideanos asignaba mucha importancia a lo religioso (DKM p. 47).
· En 2001 sólo el 47,3% de los montevideanos se definía como una persona religiosa, mientras que el 34,5% se definía como indiferente hacia lo religioso y el 11,5% como atea convencida (NDC p. 86).
· En general los porcentajes de montevideanos que afirman que lo religioso influye en diversos aspectos de su vida cotidiana son bajos: En un extremo de la escala, el 59,0% afirma que lo religioso influye en los momentos difíciles; en el otro extremo, el 13,9% afirma que influye en las decisiones políticas (DKM p. 71).
· Sólo el 26,6% de los montevideanos se considera vinculado con una organización religiosa (DKM p. 76).
· Superstición y ocultismo:
· Un 10% de los montevideanos son muy propensos a creer en supersticiones, cábalas y prácticas anticipatorias del futuro. Otro 30% manifiesta una propensión menor al ocultismo (DKM p. 47).
· Casi el 30% de los montevideanos consultó alguna vez a un adivino o vidente para que le predijera su futuro (NDC p. 161).
· Ateísmo, agnosticismo y deísmo:
El ateísmo es la postura más frecuente ante el “problema religioso” después del catolicismo.
· En 1994 los ateos eran el 14,4% de los montevideanos, ascendiendo al 23,2% entre los hombres y al 24,3% entre las personas de 18 a 29 años. Los agnósticos eran el 2,6% del total y los deístas el 8,3% (DKM p. 55).
· En 2001 los ateos eran el 12,8%, los agnósticos el 3,0% y los creyentes en Dios no afiliados a ninguna confesión religiosa (“deístas”) el 9,0%.
· La “Nueva Era”:
· La encuesta de 1994 no permite determinar el porcentaje de seguidores de la espiritualidad New Age. En cambio la encuesta de 2001 permite estimar este porcentaje en un 0,9%, sumando budistas, creyentes solares y metafísicos (NDC p. 91).
· Sin embargo, la influencia de la New Age llega mucho más allá de su pequeño número de seguidores estrictos: en 1994 el 11,3% de los encuestados creían en la reencarnación (DKM p. 67) y en 2001 ese porcentaje ascendía al 24,3% (NDC p. 95).
· Umbanda:
· Los cultos afro-brasileños constituyen la principal religión no cristiana en Montevideo, concitando la adhesión de un 2,0% de los encuestados (NDC p. 91). La encuesta de 1994 no permite determinar el porcentaje de adherentes a esta religión. Seguramente existe una fuerte correlación entre el umbandismo y las creencias mágicas y supersticiosas.
· La práctica del umbandismo parece haber experimentado un retroceso en los últimos años. El porcentaje de montevideanos que participaba con cierta frecuencia en cultos afro-brasileños ascendía al 4,3% en 1994 y al 3,0% en 2001, mientras que el porcentaje de la población que afirmaba haber participado en ellos por lo menos una vez era del 20,2% en 1994 y el 13,3% en 2001 (DKM p. 88; NDC p. 143).
· Evangélicos y pentecostales:
· Los cristianos no católicos ascendían al 12,6% en 1994 (DKM p. 55) y al 11,6% en 2001 (NDC p. 91, sumando “evangélicos” y armenios ortodoxos). Esta última encuesta discrimina dentro del subgrupo erróneamente denominado “evangélicos” un 5,0% de cristianos no católicos sin denominación (“cristianos sin Iglesia”). Probablemente se trata de ex católicos que tampoco se consideran evangélicos o protestantes. Además discrimina un 5,6% de evangélicos (sumando evangélicos, evangélicos pentecostales y evangélicos bautistas). Es muy probable que la mayoría de estos evangélicos pertenezca a grupos más o menos sectarios, que han tenido un gran crecimiento en los últimos años: Asambleas de Dios, Ondas de Amor y Paz, Dios es Amor, Iglesia Nueva Apostólica, Iglesia Universal del Reino de Dios, etc.
· El porcentaje de montevideanos que participaba con cierta frecuencia en cultos pentecostales ascendía al 2,1% en 1994 y al 1,8% en 2001, mientras que el porcentaje de la población que afirmaba haber participado en ellos por lo menos una vez era del 6,9% en 1994 y el 7,3% en 2001 (DKM p. 89; NDC p. 145). Estas cifras parecen algo bajas, pero se debe tener en cuenta que el término “cultos pentecostales” es ambiguo y restrictivo.
· En cuanto al porcentaje de montevideanos vinculados a organizaciones religiosas, las Iglesias Evangélicas ocupan el segundo puesto con el 1,7% (DKM p. 76).
· ¿Un problema de identidad?
La Iglesia es vista como una organización filantrópica: la gran mayoría de los montevideanos (66,8%) opina que el cometido principal de la Iglesia Católica es ayudar a los pobres y necesitados (41,7%) o combatir la injusticia defendiendo los derechos de las personas (25,1%) (DKM p. 80). El aspecto positivo de esto es que parece haber una alta valoración del compromiso católico con la justicia social.

2. Propuestas pastorales.
En este capítulo plantearemos algunas propuestas pastorales que apuntan a fortalecer los aspectos positivos de la realidad religiosa de Montevideo y a contrarrestar los negativos.

2.1 Errores a evitar.
A nuestro juicio la Iglesia de Montevideo debería poner más empeño en evitar los siguientes errores:
· El “neo-triunfalismo”, actitud auto-complaciente que genera inmovilidad (permanecen bastantes signos de inmovilidad en nuestra Arquidiócesis).
· La excesiva priorización de los aspectos políticos, sociales y económicos del cristianismo (la conversión individual tiene una prioridad ontológica frente a la conversión de la sociedad).
· El influjo de cierta teología de la liberación ligada al marxismo (aún relevante en Montevideo).
· Las tendencias de la pastoral de conjunto a una excesiva uniformización y a un excesivo énfasis en las instancias territoriales (parroquias y zonas pastorales).

2.2 Hacia una nueva evangelización.
Creemos que la Iglesia Católica en Montevideo podría avanzar hacia la nueva evangelización impulsada por el Papa Juan Pablo II, por medio de una mayor insistencia en los siguientes elementos de la vida cristiana:
· Retorno a lo esencial:
· La constante proclamación de los principales misterios de la fe (Trinidad, Encarnación, Gracia, etc.).
· El encuentro personal con Jesucristo vivo, único Camino hacia Dios Padre
(la vida moral es siempre “acto segundo”: respuesta a la gracia de Dios).
· La Iglesia, misterio de comunión entre Dios y los hombres:
· El vínculo indisoluble entre Jesucristo y la Iglesia.
· La índole escatológica de la misión de la Iglesia
(la forma más eficaz de promover a los pobres es anunciarles el Evangelio de Jesucristo).
· La santidad, como primera prioridad pastoral (cf. Juan Pablo II, carta apostólica Novo Millennio Ineunte, nn. 30-31).
· Los medios de crecimiento de la vida cristiana (cf. ídem, nn. 32-41):
· lectura de la Biblia;
· sacramentos (especialmente reconciliación y eucaristía);
· oración personal;
· dirección espiritual;
· retiros o ejercicios espirituales;
· pequeñas comunidades cristianas unidas en Jesucristo;
· La evangelización de las familias:
· La pastoral familiar, instrumento central de la nueva evangelización.
· La catequesis familiar, medio de renovación de la catequesis.
· La formación de comunidades de familias cristianas, ámbitos de comunión para niños, jóvenes, adultos y ancianos.
· La enseñanza de los aspectos morales de la vida cristiana:
· indisolubilidad del matrimonio;
· rechazo de las relaciones sexuales prematrimoniales;
· práctica de las virtudes humanas y cristianas;
· compromiso con los pobres y la justicia (fundamentado teológicamente).
· dignidad de la vida humana (contra el aborto, la eutanasia, etc.).
· La evangelización de la cultura:
· Formación teológica de los fieles (especialmente catequistas, profesores de religión y otros agentes pastorales).
· Mayor y mejor uso de los medios de comunicación social.
· Reforma de la educación católica.
· Impulso decidido de la educación religiosa en las escuelas públicas con carácter optativo
(esta iniciativa pondría en jaque al instrumento básico del secularismo: la escuela pública obligatoriamente prescindente de lo religioso; su puesta en marcha debería ser gradual, debido a su gran complejidad).
· La defensa y propagación de la fe:
· Anuncio gozoso de Jesucristo como único Salvador.
· Razonabilidad de la fe cristiana
(se necesita una “nueva apologética”, sin excesos polémicos ni tendencias racionalistas).
· Combate contra las sectas.
· Rechazo radical de las creencias mágicas y supersticiosas (¿por qué no en las propias promesas bautismales?).
· Necesidad de un testimonio cristiano entusiasta, razonable, comprometido y coherente
(los fieles deben proponer la fe cristiana en todo tiempo).
· Cultivo del sentido crítico frente a las propuestas de los medios de comunicación social (¿abstinencia de televisión los viernes del tiempo ordinario?).
· La renovación de las comunidades cristianas:
· En pos de un mayor entusiasmo, una espiritualidad más profunda, una participación más activa de los fieles en la liturgia, una vivencia más fuerte de la comunión eclesial y un mayor impulso misionero.
· Apertura al aporte de los nuevos movimientos, comunidades y asociaciones eclesiales
(estos movimientos son uno de los mayores signos de vitalidad de la fe católica en Montevideo).

Daniel Iglesias Grèzes
Montevideo, 2 de abril de 2005.

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